Psic. Anaís Barrios


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Lo que aprenden los niños del castigo físico


 

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Untitled by Colby Stopa

“Te pego para que aprendas”.

“A ese niño le falta un buen correazo para que sepa respetar”.

“Si mi hijo me habla así, ten por seguro que se gana unas cachetadas”.

“Un correazo a tiempo no le hace mal a nadie”.

“Si no te pego, no aprendes”.

“Te pego porque soy tu mamá y tienes que aprender a hacer caso”.

“Tendrás que aprender a los golpes”.

¿Les resultan familiares estás frases? Es posible que muchos de nosotros hayamos escuchado que el castigo físico es necesario para educar a los hijos. Los menos ortodoxos creen que el castigo físico es necesario sólo en algunos momentos, pero no siempre, o que está bien pegar pero sin dejar marcas físicas en los niños. Lo cierto es que, aunque cada vez hay más padres que han optado por ofrecer a sus hijos una crianza basada en el buen trato, todavía existe una gran mayoría de personas que tienen una fe irracional, elogian y reconocen al castigo físico como método de crianza. En especial, parece que muchos concuerdan que este método es necesario cuando la conducta del niño o adolescente se ha vuelto realmente problemática y el único método “efectivo” de detenerla es pegarles.

Sé por experiencia que la mayoría de los padres o cuidadores que usan el castigo físico tienen el objetivo de enseñarles algo a sus hijos, pero ¿qué es eso que están enseñando? Es claro que de las acciones de los padres los niños aprenden, pero ¿qué aprenden del castigo físico? Hoy les voy contar lo que he podido observar en la consulta sobre lo que los niños aprenden de la correa, la cachetada, el chancletazo, el jalón de oreja, el pellizco, el puñetazo, la nalgada, el empujón, el zarandeo, el apretón…

Aprenden a obedecer por temor

El castigo físico no sólo genera dolor físico sino también dolor emocional, así como siembra el temor de los hijos a la disciplina del padre. Es así como los niños aprenden a obedecer por temor y no por respeto, por temor y no por sentido de responsabilidad, por temor y no por razón. Algunos padres se inflan de orgullo diciendo que sus hijos son obedientes porque les tienen miedo. Cuando uno de los pilares de la crianza es que el niño sienta miedo del padre, se está reduciendo significativamente la relación padre-hijo al construir un vínculo falto de confianza, respeto, afecto, comunicación y consideración. Creo que es más bonito que los hijos nos obedezcan porque nos admiran y respetan y no porque nos temen. Si preferimos que la relación con nuestros hijos esté basada en el temor, eso quiere decir que estamos muy carentes de habilidades para establecer relaciones sanas. 

Aprenden a sentirse culpables

Cuando un padre pega a su hijo suele justificar su acción haciendo ver que fue culpa del niño. Pocas veces se detiene a pensar qué ha hecho como padre o qué condiciones ha favorecido para que el niño se comporte de forma negativa, puesto que es más cómodo culpar al niño que hacer una revisión de los métodos de crianza y las conductas propias. En este contexto, el niño aprende a sentirse responsable de los problemas que ocurren en la relación con sus padres y aprende a culpabilizarse por su conducta. Una cosa es enseñar a los niños a ser responsables y conscientes de sus conductas y otra es que aprendan a sentirse culpables por las decisiones, reacciones y sentimientos que como padres asumimos ante las situaciones de crianza. Esto pudieran extrapolarlo en el futuro en sus otras relaciones.

Aprenden a creer que son malos

Al hacerles sentir culpables y merecedores de castigo físico también les enseñamos a creer que son niños malos. ¿Cómo enseñamos esto? Cuando le decimos que se portan mal, que son insoportables, que nadie los puede controlar, que se ganan que les peguen, que son un problema, que hacen que los demás pierdan la paciencia… Es decir cuando les ayudamos a construir un autoconcepto negativo de sí mismos, no les damos oportunidad para equivocarse y no les entrenamos para que aprendan a enmendar y mejorar sus conducta.

Aprenden que los golpes son una forma de resolver problemas 

Cuando nos valemos del castigo físico les estamos enseñando que la agresión es una forma de resolver problemas y que la impulsividad no merece ser educada. En este sentido, el niño aprende que cuando se encuentra ante una situación de desventaja, ante un malentendido, desacuerdo o cuando algo va en contra de sus deseos la opción más fácil es recurrir a la violencia. Después, nos ganamos la medalla de la incongruencia, cuando les castigamos por golpear a sus hermanos, amigos o compañeros de clase en los momentos que han tenido problemas con ellos. Hacemos niños emocionalmente más inteligentes cuando les enseñamos a resolver problemas sin pegar, pellizcar, morder, patear, gritar, amenazar, chantajear o manipular. Un reto que pocos queremos asumir porque tendríamos que aprender primero a dejar de emplear esas conductas.

Aprenden que el maltrato es normal e incluso válido

A pesar de que los niños sufren cuando reciben castigo físico, he podido escucharles decir que se lo merecían, que es normal que los padres peguen y que está bien que les peguen. Es decir, reproducen las justificaciones de los padres. Para aquellos que reciben castigo físico de forma intensa, su mayor deseo no es que les dejen de pegar sino que por lo menos no les peguen en la calle o delante de los demás. Esto es realmente deprimente e injusto. Nadie debería crecer con la creencia de que merece ser golpeado por la persona que lo educa o lo ama. Ningún tipo de agresión tiene justificación, en especial cuando agredir se ha tipificado como una transgresión a los derechos personales. Bajo estas condiciones se favorece que en el futuro los niños se conviertan en víctimas de maltrato o en victimarios.

Aprenden que basta tener un rol de poder para agredir

Cuando el padre se vale de su rol para usar el castigo físico, le enseña al niño que el poder da concesiones para agredir a los demás. Sólo basta tener un rol de poder para tener ventaja sobre los otros. Con ello, se enseña que los roles y el poder que éstos nos ofrecen pueden fácilmente ser corruptibles, si así nosotros los deseamos. Esta es un arma de doble filo, pues los padres no tienen para siempre el poder; los hijos crecen y a veces deben encargarse de sus padres. En este intercambio de roles, ¿cómo usarán los hijos su poder?

Aprenden a descargar sus frustraciones con los demás

He podido notar que cuando los padres recurren al castigo físico la emoción que reina es la frustración. Deciden reprender físicamente a sus hijos cuando sienten frustración por no obtener de ellos obediencia, colaboración o consideración. Entonces, el castigo físico se vuelve una técnica de descarga emocional más que de crianza. También pasa muy frecuentemente que a la frustración con el hijo se le unen otras frustraciones personales y el niño termina recibiendo una descarga de golpes y humillaciones que no necesariamente tienen que ver con su conducta. De esta forma, el niño aprende a patear a su perro, lanzar los objetos, golpear o gritar a los demás cuando se encuentra frustrado.

Aprenden a mentir

Muchos niños mienten para evitar las represalias de sus padres, volviéndose unos expertos en ocultar o distorsionar sus acciones. Aquí volvemos al primer punto, donde el castigo físico genera más temor que respeto. Pero no sólo mienten para evitar ser castigados, sino que también mienten para que el castigo sea corto y menos doloroso. Recuerdo cuando un niño me dijo que solía gritar y llorar más de la cuenta cuando su madre le pegaba para que ésta dejara de hacerlo. En este caso, la mentira se volvió en un recurso de supervivencia. Ojalá los niños no tuvieran necesidad de mentir y pudieran asumir con sinceridad y responsabilidad sus conductas, pues en vez de recibir reprimendas físicas reciben comprensión y pautas para mejorar su conducta.

Aprenden a guardar rencor y buscar vengarse

No todos los niños son iguales y asumirán con sumisión la conducta represiva de sus padres. Algunos asumen el castigo físico como una lucha de poder, lo cual los impulsa a buscar formas de venganza o de sacar de las casillas a sus castigadores. Todo esto se vuelve en una fuente de rencor y rivalidad para el niño, sentimientos contrapuestos a una verdadera relación padre-hijo.

Estos son algunos de los aprendizajes que pueden obtener los niños del castigo físico. Yo tengo mi opinión sobre el castigo físico, pero dejaré que ustedes saquen sus propias conclusiones sobre la efectividad educativa de este método de disciplina y crianza.

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Taller: Intervención del Maltrato Infantil


Póster Intervención MI

La intervención del maltrato infantil es un tema que genera mucho interés en profesionales o personas ligadas a la atención de niños, niñas y adolescentes. Pero así como genera interés genera mucho temor, mucha resistencia, muchos prejuicios e ideas distorsionadas que terminan inmovilizando a las víctimas, creando más dolor, más desesperanza; así como también terminan fortaleciendo al agresor y prolongando el maltrato por generaciones dentro de una familia, una institución o una comunidad.

Por eso he desarrollado este taller, el cual pretende ser un encuentro participativo e integrador a través del cual podamos sensibilizarnos y empoderarnos en la detección y abordaje del maltrato, haciendo especial hincapié en aquellas primeras acciones que debemos emprender y que resultan cruciales para proteger a la víctima.

Aquí les dejo el contenido del taller para que se terminen de animar a hacerlo:

Parte I. Maltrato infantil

1.2. Breve repaso del Marco Legal Venezolano.

1.3. Tipología del Maltrato Infantil.

1.4. Factores Psico-sociales del Maltrato Infantil.

1.5. Consecuencias del Maltrato Infantil.

Parte II. Intervención en Maltrato Infantil

2.1. Objetivos y Fases de la Intervención.

2.2. Detección del Maltrato: Indicadores Físicos, Conductuales y Emocionales.

2.3. Valoración de los Factores de Riesgo.

2.4. Cómo Abordar a la Víctima.

2.5. Notificar y Atender el Maltrato Infantil.

Bajo la organización de la psicóloga Marilyna Gil, el apoyo de la Escuela de Psicodrama de Valencia y certificado por el Centro para el Desarrollo Psicológico el próximo 6 de junio será este encuentro, donde estaré compartiendo toda mi experiencia y conocimientos en materia de violencia, maltrato y trauma. Quedan todos invitados.


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7 Razones para eliminar el castigo físico como método de crianza


 

Girl B&P

Aunque en las últimas décadas la educación y la crianza se han visto influidas por los avances en materia de derechos y protección a niños, niñas y adolescentes todavía es común escuchar a adultos que consideran el castigo físico como un método infalible y necesario para criar y lograr obediencia en los niños. En nuestra cultura sobrevive una apología al castigo físico sustentada en un conjunto de ideas y creencias bastante débiles y rebatibles, las cuales parece fueron aprendidas como verdades absolutas. Hagamos una revisión de algunas de estas creencias y veamos si realmente el castigo físico es útil a la sociedad.

1.”Tengo derecho a pegarle a mi hijo”

Eso no está registrado ni estipulado en ninguna ley, mientras que sí está establecido legalmente que los niños y adolescentes tienen derecho al buen trato y a una crianza libre de violencia. De modo que los padres, representantes, cuidadores y docentes tienen la obligación de aplicar métodos de disciplina y crianza no humillantes, ni coercitivos o violentos. Una cosa es el derecho a ejercer el rol de padres y otra es usar ese rol como medio para violentar. Los niños tienen derechos y esos derechos son irrenunciables e indivisibles.

2.“Yo no voy dejar que mi hijo haga lo que le dé la gana”

Según esta idea los niños no pueden hacer lo que les dé la gana pero los adultos sí pueden hacerlo. ¿No se puede permitir a un niño que incumpla las reglas pero un adulto sí puede incumplirlas? Cuando un adulto usa el castigo físico está incumpliendo reglas, leyes. El castigo físico es violencia y la violencia es un delito, puesto que vulnera la integridad física y emocional de la persona. Una nalgada, un empujón, un jalón de oreja o cabello, un zarandeo o la amenaza de propinarlos comprenden formas de violencia. Ante todo debemos ser cuidadores congruentes y modelos a seguir. Por ello, existen múltiples y efectivos métodos para hacer de nuestros hijos niños respetuosos, disciplinados  e integrados socialmente. Estos métodos no son un delito, son estrategias educativas que sólo requieren que estemos dispuestos a aprenderlas y aplicarlas.

3.“Gracias a que mis padres me pegaron soy una persona de bien”

La mayoría de los que dicen esto creen que son “personas de bien” porque les pegan a sus hijos. El punto anterior derrumba esto. Por otra parte, estadísticamente no existe correlación entre castigo físico y habilidades para la vida. Es decir, no se ha demostrado que pegarle a un niño garantice que cuando se vuelva adulto sea una buena persona, disciplinada y respetuosa. Por el contrario, sí existen registros de personas que recibieron castigo físico severo durante su infancia y desarrollaron rasgos sociopáticos o psicopáticos. Sea leve, moderado o severo el castigo físico no es garantía de que el niño desarrolle habilidades que le permitan una vida satisfactoria en su adultez, así como tampoco la ausencia del mismo. Todo esto va a depender del entorno donde el niño crezca y del sistema de límites, normas, valores y habilidades emocionales que los padres y familiares le proporcionen. Somos reduccionistas al creer que nos volvimos personas de bien porque nos pegaron durante la infancia. Seguro que eso no fue lo único que recibimos y seguro que muchas decisiones propias de nuestra individualidad han hecho de nosotros mejores personas. Seguro en su momento deseamos con mucha fuerza que nuestros padres no nos pegaran y quizás nos prometimos no hacer eso con nuestros hijos.

4.“Le pego a mi hijo para que aprenda”

 El castigo físico es un recurso contra educativo, pues enseña a los niños que la violencia es una forma de resolver problemas y que ante una situación de desventaja es la vía para conseguir lo que queremos. El castigo físico enseña que el poder, ése que otorgan los roles, es un instrumento para transgredir y pasar por encima de los otros. Es aprender a exigir respeto irrespetando, es aprender a pedir consideración siendo desconsiderado, es aprender a exigir obediencia siendo desobediente con la ley, es aprender que la fuerza sirve para controlar y humillar. Aunque al final nuestros hijos pueden elegir qué conservan de lo que aprendieron de nosotros, creo que lo mejor es esforzarnos para que aprendan formas más sanas y efectivas de resolver y afrontar problemas, así como a practicar el ejercicio adecuado de los roles y no el uso arbitrario de los mismos.

5.“Le pego para que sepa que yo tengo el control”

En realidad la violencia es el indicador más alto de pérdida de control. Cuando comenzamos a gritar, amenazar y pegar estamos demostrando que perdimos el control, que estamos perdiendo los argumentos y que somos incapaces de afrontar la situación. Al optar por el castigo físico nos estamos yendo por la vía fácil, por unos resultados efímeros que poco aportan a nuestro crecimiento personal y al desarrollo de nuestros hijos. De esta manera, perdemos la oportunidad de desarrollar nuestra inteligencia al dejar de activar o estimular recursos cognitivos y emocionales que nos permitan resolver y afrontar problemas adecuadamente. Aunque parezca difícil y tedioso emprender un proceso para aprender nuevas habilidades de comunicación, manejo emocional, colocación de límites y resolución de problemas, les aseguro que termina siendo una experiencia enriquecedora y gratificante capaz de fortalecer los vínculos relacionales.

6.“Lo dices porque no es tu hijo, si conocieras al mío sabrías por qué le pego”

Esto lo dicen aquellos que necesitan justificar sus acciones. Es como si tratasen de decir “no soy yo es él”. Esta creencia responsabiliza al niño sobre las acciones de sus padres, lo hace el culpable. Es colocar sobre el niño toda la carga sobre las fallas que seguramente hay dentro del sistema de crianza. Un niño que constantemente actúa erráticamente, cuyo comportamiento es problemático, es un niño sin contención familiar, sin unos padres que le guíen. Un niño puede hacer cosas que nos molesten y frustren, pero somos nosotros los que decidimos qué hacemos con esas emociones, somos nosotros quienes elegimos si las convertimos en violencia.  La violencia no tiene justificación, sea cual sea el carácter o el comportamiento del niño, éste no merece ser tratado con violencia y así lo dictaminan sus derechos.

7.“Unos buenos correazos de vez en cuando no le hacen daño a nadie”

Si con lo dicho arriba aún no te convences sobre lo dañino que es el castigo físico vamos a replantearlo. Desde mi experiencia personal y profesional sé que los niños sufren mucho cuando sus padres les pegan, la mayoría de las veces es más fuerte el dolor emocional que el físico. Los ojos llenos de ira y desaprobación es algo que los niños no olvidan sobre el trato que le dieron sus padres. Las palabras y las acciones violentas quedan en su memoria como señales de que han sido incomprendidos, juzgados, rechazados y no aceptados. Pero no sólo el niño sufre, realmente los padres no disfrutan cuando le pegan a sus hijos. He visto a muchos padres confesar y recordar con dolor, culpa y remordimiento las veces que le han pegado a sus hijos, muchos refieren no sentirse a gusto con sus acciones. A veces los padres ocultan estas emociones y acto seguido van a curar las heridas, rasguños y moretones que han propinado a sus hijos. ¿Realmente es necesario pasar por todo esto? Me parece muy doloroso e insano. ¿Consideran que es un mal necesario? El castigo físico es un mal evitable y prevenible, puesto que puede ser sustituido por formas sanas y nutritivas de crianza. Por otro lado, si alguien disfruta pegarle a su hijo, si eso le genera placer y satisfacción es recomendable que asista a un especialista.

Estas son algunas de las creencias bajo las que se escudan muchos adultos que usan el castigo físico. Existen muchas más creencias y justificaciones a favor del mismo, pero son más los argumentos que las rebaten que aquellos que las refuerzan. Como pudimos ver en esta primera de muchas revisiones que haré del tema, el castigo físico es un método dañino e inefectivo. Entonces, atrevámonos a prescindir de él y permitamos que los niños crezcan sin miedo y con la confianza de que existen variadas y saludables formas para relacionarse y colaborarse los unos a los otros.

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¿Estás de acuerdo o en desacuerdo con estás razones? ¿Conoces otras creencias que apoyan el castigo físico? Comparte tus comentarios.