Psic. Anaís Barrios


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Parto respetado: mi decisión, mi cuerpo, mi bebé (entrevista a la Dra. Heydy Corro)


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Nos encontramos en la Semana Mundial del Parto Respetado y no podía dejar de hablarles de ello. Desde hace unos 8 meses, desde que me enteré que estoy embarazada y comencé a prepararme para ello, el parto respetado se ha vuelto una especie de obsesión. He estado sorprendida por todas las historias y todos los aprendizajes que he recibido sobre el embarazo, el cuerpo humano, el trabajo de parto, el papel de la pareja, los derechos de la parturienta y los del niño por nacer. Lo que más me impresiona es saber que existe un número alto de mujeres que paren sin conocer el poder que tienen para hacerlo y cómo podrían aprovecharlo para tener un parto menos doloroso y más digno.

Otro punto que me impresiona es la cantidad de mujeres en proceso de parto que son sometidas a malos tratos por parte de las instituciones y el personal médico. Todo ello, a pesar de que en Venezuela contamos con la Ley Orgánica por el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, donde se clasifica a la violencia obstétrica y la esterilización forzada como un delito.

A fin de celebrar la Semana Mundial del Parto Respetado, con su lema de este año “mi decisión, mi cuerpo, mi bebé”, y de compartir un poco de lo que he aprendido, dejo con ustedes una entrevista que me ofreció muy amablemente la Dra. Heydy Corro, quien para mi fortuna es la especialista que ha estado monitoreando el curso de mi embarazo y que me acompañará el día de la llegada de mi hija Andrea Sofía.

Antes, es necesario presentar de manera un poquito más formal a la Dra. Heydy Corro, pero creo que es mejor hacerlo a través de sus propias palabras:

Médico egresada de la Universidad de Carabobo en el año 1996. Taller de parto natural en el año 1999. Gineco obstetra egresada de la Ciudad Hospitalaria Dr. Enrique Tejera en el año 2001. Esposa y madre de 2 hijos, uno a través de parto natural y el otro por cesárea. Hija de Haydee, madre de 6 hijos, todos paridos (y la primera en podálico); nieta de Ña Ramona, madre de 8 hijos, todos paridos. Laboro en la Maternidad y Centro Pediátrico Santa María, donde funciona la segunda Sala de Parto Natural del estado Carabobo, y estoy benditamente condenada a hacer lo que me gusta.

Anaís Barrios: Desde su experiencia profesional, ¿qué diferencia al parto medicalizado del parto natural respetado?

Heydy Corro: Ante todo, mis sinceras felicitaciones por tan linda iniciativa que segura estoy servirá de ayuda a muchas mujeres, que buscan vivir esa experiencia maravillosa de poder parir y, casi siempre por desconocimiento, no pueden lograr ese sueño… 

Parto medicalizado es aquel donde se interviene de manera innecesaria, ya sea con el uso de medicamentos (oxitocina), tactos a cada rato, monitoreos exagerados y constantes, sin patologías que lo ameriten, uso de epidural, etc., casi siempre con el propósito de apresurar el nacimiento, para conveniencia del personal asistencial o de la propia paciente. 

Parto natural respetado, como su nombre lo indica, es aquel parto donde no se le quita el indiscutible protagonismo a la madre y al bebé, respetando la fisiología del mismo, los tiempos, los deseos y necesidades de la madre; la intimidad que supone traer un bebé al mundo; ser lo menos invasivo posible. Los padres eligen cómo realizar el trabajo de parto, qué posiciones adquirir, partiendo del hecho de que lo más cómodo es también lo más fisiológico, para llegar finalmente al momento del nacimiento y, no conforme con eso, respetar también los derechos del bebé acabado de nacer: permitirle el contacto con las personas que más lo aman en este mundo después de Dios, que las primeras palabras que escuchen sus oídos sean “bienvenido”, “te amamos”, “Dios te bendiga”… Y que reciba la lactancia materna, obviamente si está en condiciones de hacerlo, que es casi siempre, para pasarlo luego a manos de su pediatra.

Debe quedar claro que parto respetado no es sinónimo de no intervenido. Muchas veces es necesaria la intervención médica con maniobras, tactos para ayudar a una dilatación estacionaria, uso de oxitocina para regularizar una dinámica uterina… El punto está en usarla cuando sea realmente necesario.

AB: Siendo una minoría los profesionales venezolanos que apuestan por un parto más respetuoso para la madre y el bebé, ¿cómo llegó usted al parto natural respetado?

HC: Con tristeza recuerdo, durante mi postgrado, a muchas pacientes que les tocaba parir en instituciones públicas, con caras de desolación, miedo, abandono, desespero, ira. Con sus miradas pedían ayuda, un trato digno… Y, con el transcurrir del tiempo, fui adquiriendo experiencia y me di cuenta de que con tan solo llamarlas por su nombre y no por el número de cama, con hablarles un poco, pasarles una mano por la cabeza, una pequeña caricia en su panza, se daban cambios radicales, tanto en su comportamiento en el trabajo de parto como en el expulsivo y en la actitud del niño al nacer…

En una ocasión en el suplemento medico leí un artículo sobre parto en agua, de la Dra. Damary Cardeñosa, pionera en partos respetados en el estado Carabobo y acudí a ella, quien me orientó y me alentó a crear un grupo para sensibilizar al personal médico. Encontré lo que hasta entonces no sabía que estaba buscando. Me dio nombres de verdaderos y reconocidos maestros y, como en casa me enseñaron que los sueños no te persiguen a ti, me dediqué a la tarea de organizar el 1er Taller de Parto Natural en el estado Carabobo, de la mano de maestros de la talla de Eva Gundberg, Damary Cardeñosa, Nury Flores, Dr. Arcay, Beatriz de Berrocal, entre otros.

AB: ¿Cómo visualiza el futuro del parto natural respetado en Venezuela? ¿Qué logros faltan alcanzar en este campo?

HC: Vamos a paso lento pero seguro; nadie dijo que era fácil. Somos actualmente muy pocos… Pero estamos haciendo un trabajo de hormiguita, arduo, cansón, sacrificado, poco valorado. Somos criticados muy fuertemente, sobre todo por nuestros colegas, a quienes hasta me ha tocado oírles decir que somos los médicos de la prehistoria…

Pero Dios no se equivoca; nos hizo mamíferos y los mamíferos paren, no ponen huevos… por allí entran, por allí deben salir. El útero se conecta con la vagina no solo para que salga el fluido menstrual. Es perfecto nuestro diseño; parir es natural, es poder, es dar vida, es aprender, es reivindicarse, es emponderarse… Visualizo un futuro prometedor, pues cada mujer que ha concientizado su parto independientemente de quien se lo haya atendido es la encargada de promocionarlo, promoverlo, publicitarlo, reclamarlo: el parto es nuestro; que nos lo devuelvan.

Logros: sensibilizar, sensibilizar y sensibilizar; lo demás vendrá solo. Desde las escuelas, los medios de comunicación, facultades de medicina, enfermería, etc.

AB: ¿Podría mencionarnos algunos procedimientos médicos rutinarios que pueden entrar dentro del marco de la violencia obstétrica?

HC: Uso de oxitócicos de forma indebida y sin el consentimiento de la paciente, uso de enemas rutinarios sin aprobación de la paciente, exploraciones genitales repetidas, amniorexis de rutina, obligar a la paciente a permanecer en decúbito, prohibición absoluta de la vía oral, no permitir libertad de movimiento, maltrato verbal, cesáreas injustificadas, no permitir el apego precoz y no promover la lactancia inmediata en un bebé sano.

AB: En el terreno del parto respetado se habla de combatir la violencia obstétrica, ¿qué tan realista es aspirar a la eliminación de esta forma de violencia cuando es tan poco el personal médico sensibilizado con este tema y tan alta la demanda en mujeres embarazadas?

HC: Aspirar nunca ha sido malo… Pero, ubicándonos en nuestra realidad, con esta escasez de hospitales, que además están abarrotados de parturientas, es prácticamente imposible solicitarles al personal que no sean partos medicalizados, ya que de una u otra forma esto acelera el trabajo de parto de tal manera que acorta la estancia en la sala de preparto y al mismo tiempo, provee una cama más para una nueva paciente. Pero nada cuesta dar un trato más humano a esas mujeres que se encuentran en una de las labores más sagradas de la naturaleza, como es dar vida… Y si las educamos bien en las consultas prenatales, quizás podrán llegar con dilataciones avanzadas. También pudiéramos permitir la entrada a voluntarias, doulas o facilitadoras de nacimiento, que podrían brindarle compañía en su trabajo de parto o sencillamente en nuestra guardia, médico, estudiante, camarera o enfermera, tomarse unos segundos para un pequeño contacto físico o visual, que estoy segura ellas recordarán y agradecerán por siempre. Volvemos a lo mismo: sensibilizar.

AB: ¿El parto respetado podría favorecer formas de crianza menos violentas?

HC: Definitivamente… “para cambiar al mundo, hay que cambiar la forma de nacer” (Michel Odent). Ese primer sentimiento, al llegar a este mundo luego del nacimiento, deja una impronta. Estoy plenamente convencida de que el bebé debe sentir amor de forma inmediata, inclusive si nace comprometido; aunque sea solo unos segundos, debe percibir el amor de sus padres a través de un beso, un roce o unas palabras, que le hagan sentir bienvenido.

Con todo respeto para mis colegas pediatras, no es lo mismo fijar este recuerdo, que el de una sonda a través de tu boca, garganta y nariz, o el de un termómetro en el recto, o el de un pinchazo con la vitamina k en una pierna, o el de una mano luchando con tu ojo para aplicar unas gotitas… todos procedimientos completamente necesarios, pero que pueden realizarse después de hacerlos sentir amados y esperados.

AB: ¿Qué beneficios traería el comenzar a hablar en las escuelas de parto respetado dentro de los programas de educación sexual?

Todo lo que tenga que ver con educación es bueno y necesario, y no puede dar más frutos que el beneficio. Volver a lo natural es la premisa.

AB: ¿Qué opina de los cursos de psicoprofilaxis dirigidos a padres? 

HC: Ojalá existieran más escuelas, incluso auspiciadas por el gobierno. Considero que estos cursos deberían ser obligatorios e inclusive gratuitos para las clases más desfavorecidas. Estoy segura de que disminuirían las complicaciones y les daría la oportunidad a más bebes de nacer libres de violencia, lo cual repercutiría en una sociedad más sana.

AB: Desde su experiencia, ¿qué condiciones ambientales, sociales, clínicas, emocionales y físicas hacen posible que una mujer pueda disfrutar de un parto natural respetado?

HC: “Parir es poder“; es la culminación del acto sexual, por tanto solo necesitas intimidad, seguridad y confianza.

AB: Finalmente, ¿podría compartir una experiencia profesional o personal que ilustre lo que es el parto respetado?

HC: Son muchas, a Dios gracias. Pero hay una en particular que marcó mis inicios, cuando le di parto a una mujer con cesárea anterior, que según había sido realizada por estrechez pélvica. Pero a ella le llamaba la atención que su médico anterior nunca la tactó, por tanto tenía sus dudas con respecto a la estrechez… Y decide controlar este nuevo embarazo con mi persona, el cual transcurre de forma favorable. Realizó su curso prenatal, donde obtuvo las herramientas y el saber. Llegado el momento, entregó su cuerpo al proceso dejándolo fluir; pasó su trabajo de parto caminando, balanceando sus caderas y emitiendo sonidos de mantras, en compañía de su esposo, doula y bajo mis ojos expectantes, que vivían y acompañaban el proceso, hasta que sintió la llegada de su bebé y me dijo: Heydy, estoy lista. Y al colocarse en posición ya asomaban los cabellos de esa niña tan esperada… De los ojos de su padre brotaban lágrimas de felicidad y, al terminar de salir y abrazar a su niña, sus primeras palabras fueron: Sal y dile al mundo que parí.

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Con esta gran historia que nos comparte la Dra. Heydy termino este artículo, esperando que algo de lo expuesto aquí haya sido de su provecho y que les haya surgido el interés de saber más sobre el parto respetado y sobre nuestro derecho como padres a vivirlo y exigirlo.

Aquí les dejo este enlace sobre la Declaración de Fortaleza: recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud sobre el Nacimiento.

Si eres madre o padre, comparte con nosotros tu experiencia de parto en los comentarios.


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El estrés del maestro también afecta a los niños


Niño reposa sobre cuaderno

Es difícil que el maestro no sufra de estrés durante su ejercicio profesional. Puesto que el entorno organizacional donde se desenvuelve suele ser muy exigente, debido a las constantes demandas que recibe de la institución donde labora, los alumnos y sus representantes. Casi siempre son muchas demandas y poco reconocimiento y, en la mayoría de los casos, poca remuneración económica en relación a sus esfuerzos.

Esto sin mencionar los problemas personales que enfrenta el maestro como ser humano que es. Bajo estas condiciones es probable que muchos maestros no cuenten con las herramientas y recursos personales para afrontar y manejar el estrés de forma efectiva. Es por ello que a veces incluso un buen maestro grita, se altera, pierde el manejo del grupo, toma decisiones o medidas improvisadas, pierde el sentido de justicia y equitatividad, tiene problemas de comunicación con sus compañeros de trabajo y con los representantes.

Esta dificultad (que muchos podemos tener) para manejar el estrés y mantener un equilibrio socio-emocional se hace evidente en el salón de clase cuando un maestro:

  • Deja de ser empático con sus alumnos.
  • Les exige mucho y no reconoce sus avances o logros (inconcientemente repite en los otros lo que vive). O por el contrario, es muy permisivo, evitando colocar límites firmes y consistentes.
  • No escucha ni deja hablar a sus alumnos, ignorando lo que piensan y sienten.
  • Se enfoca más en los problemas o conductas negativas de los alumnos y menos en las soluciones o conductas positivas.
  • No comprende la etapa evolutiva ni las diferencias individuales de sus alumnos, malinterpretando sus conductas.
  • Sonríe y juega menos, regaña y crítica más.

Todo ello no sólo afecta el vínculo docente-alumno, sino que también puede afectar la autoestima del niño, su autoconcepto, capacidad de integración escolar, su manera de colaborar con las normas del salón, su motivación para aprender, pudiendo percibir el entorno escolar y la relación con su maestro como hostil o amenazante. Desde mi experiencia profesional, mientras más dificultades de manejo emocional presente un maestro más difícil será la conducta de sus alumnos; volviéndose el aula un campo de batalla, donde la lucha de poder predomina sobre el afecto, la comprensión, el respeto y la admiración.

Si vemos el salón como un sistema, eso nos lleva a notar que el comportamiento de cada uno de sus integrantes afecta a los otros y el sistema en algún punto deja de funcionar satisfactoriamente. El motivo de este escrito no es el de responsabilizar al maestro de lo que puede generar en el niño; sino hacer entender a los padres que sus hijos y ellos mismos pueden afectar al maestro, así como el maestro puede afectarlos a ellos. Si no existe una colaboración mutua, un trabajo en equipo, una comprensión y tolerancia constante, si no hay empatía entre todos los que confluyen en el salón de clases, entonces puede aumentar las condiciones de estrés para todos.

Y no es suficiente con colaborarle al maestro; es necesario que éste busque maneras sanas para drenar su estrés y darle un significado a su trabajo que lo llene de motivación y satisfacción personal. Entre los aspectos más importantes que debe cuidar y cultivar un maestro como fuentes antiestrés son: tomarse un tiempo para disfrutar y compartir con sus alumnos, hacer ejercicio físico, contar con una actividad extra de su agrado, recrearse con frecuencia y mantener relaciones familiares positivas. Cuando el estrés escolar o familiar sobrepasa su capacidad de respuesta, lo mejor es buscar ayuda profesional.


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Ser padres autoreflexivos


woman thinking

Entre los roles más complejos a nivel relacional que un ser humano debe afrontar, se encuentra el rol de ser padres. Dicha complejidad viene dada en que la relación padre-hijo o madre-hijo es una relación donde existe una asimetría esencial, puesto que uno depende del otro y el otro tiene el poder y el deber de educar y cuidar. Dentro de esta relación asimétrica confluyen y se contraponen al mismo tiempo sentimientos, deseos, pensamientos y creencias. Además, hay que agregar que los miembros de esta relación forman parte de generaciones diferentes, lo cual marca tendencias y demandas educacionales distintas.

La complejidad, positiva o negativa, que desarrollemos en la relación con nuestros hijos va a depender, entre otras cosas, de nuestra capacidad de autorreflexión. Cuando hablo de una complejidad negativa en la relación padre-hijo, me refiero a ese tipo de relaciones basadas en la tensión y hostilidad constante, a los esfuerzos de uno por controlar y del otro por rebelarse, a la no aceptación de los sentimientos y pensamientos del otro, a la manipulación o amenaza constante, al no reconocimiento de los propios errores y a la imposición mutua de deseos o expectativas. Como podemos ver, en una relación de complejidad negativa prevalece la ausencia de respeto y de autorreflexión. Mientras que en una relación de una complejidad positiva entre padre-hijo existe todo lo contrario, puesto que dicha relación está basada en el equilibrio, la responsabilidad, la justicia y la equitatividad.

Ahora bien, ¿en qué consiste ser un padre autorreflexivo? La autorreflexión parental (así la llamaré) implica el monitoreo constante de nuestros pensamientos, emociones, creencias y acciones para valorar qué tan congruentes somos al momento de expresarlas o ejercerlas durante la crianza. No somos congruentes cuando regañamos a nuestro hijo por interrumpirnos mientras trabajábamos si nosotros lo interrumpimos mientras él juega. Lo que es importante para cada uno merece respeto.

La autorreflexión es reconocer nuestras debilidades, defectos, errores y temores, buscando la ayuda o la manera para minimizarlos o manejarlos lo mejor posible. Es hacer una revisión de nuestra historia de vida y poder elegir de ella aquello que nos genera bienestar y esforzarnos por elaborar o desechar aquello que nos hace daño o nos limita. Somos autorreflexivos cuando, por ejemplo, sabemos que nos da miedo nadar y damos un paso atrás para dejar que nuestro hijo se lance a la piscina. Somos autorreflexivos cuando pedimos disculpas después de haber cometido un error o cuando valientemente decidimos no repetir los patrones de violencia que aprendimos en nuestra familia.

En este proceso constante de monitorear nuestro ejercicio de la paternidad, enmendamos, cambiamos y superamos conscientemente las dificultades, reconociéndonos como seres humanos en aprendizaje continuo, lo cual no hará más que desarrollar nuestro valor personal y autoestima.

Lo mejor de esto es que nuestro hijo aprende a ser autorreflexivo también. Y cuando padre e hijo son autorreflexivos, el padre no tiene la necesidad de controlar y el hijo no tiene la necesidad de rebelarse; el padre cría consciente y críticamente y el hijo obedece consciente y críticamente.

Los hijos no quieren padres perfectos; tampoco quieren padres llenos de errores e incapaces para reconocerlos. Los hijos incluso son quienes detectan mejor los defectos de los padres y quienes desde diferentes métodos los confrontan a cambiar. Entonces no seamos soberbios, aprendamos en la relación con nuestros hijos a ser mejores personas, aprendamos a crecer mientras criamos.

Ya decía el pedagogo Gianni Rodari “deberíamos crear reglas para nuestro comportamiento, no para el de los niños”.


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Crianza positiva: ¿por qué los padres deben aprender a gestionar sus emociones?


Familia

Una de las cosas que influye significativamente sobre el éxito o fracaso de las estrategias de disciplina que intentamos aplicar es nuestra gestión emocional. He podido ver en la consulta a padres desesperados porque no pueden lograr que sus hijos sean obedientes o colaboradores. Entonces, cuando hacemos una revisión de su forma de actuar ante los hijos, la gestión emocional no está presente. Es así como la impaciencia, la impulsividad, los gritos, la mirada llena de ira o desesperación, la improvisación, el llanto, la manipulación, el chantaje, la hostilidad y la lucha de poder se apoderan de las situaciones de crianza, debilitando profundamente el rol parental.

La gestión de nuestras emociones es la clave para lograr que nuestros hijos respeten nuestro rol y nos vean como figuras guías, puesto que, al gestionar las emociones, proyectamos seguridad y confianza en nosotros mismos, al igual que determinación y firmeza sobre nuestro proceder ante la situación. Cuando colocamos una norma, un límite o expresamos desaprobación por alguna conducta de nuestro hijo, éste entenderá que estamos hablando en serio si nos observa firmes, confiados y controlados. Por el contrario, mientras más afectados y descontrolados nos mostremos ante su conducta, más propicio será el momento para la confrontación, la confusión y para el reforzamiento de conductas negativas.

Sé que el manejo emocional no es cosa fácil y que mantener la paciencia en algunos momentos puede convertirse en una tarea colosal. A veces los hijos pueden llegar a hacer o decir cosas realmente desesperantes o intolerables y es en estos momentos donde debemos decidir si nos detenemos a respirar y pensar en la mejor respuesta o si nos dejamos llevar por las emociones, para terminar de impulsar una batalla que puede llegar a ser agotadora, infructuosa y dolorosa.

Pero no sólo la gestión emocional sirve para mantener nuestro rol de padres y ejercer mejor la disciplina. También es una potente forma de enseñar a nuestros hijos a gestionar sus propias emociones, lo cual trae ganancias para las relaciones familiares que se construyen en un clima de confianza, comunicación y respeto por el otro. Es decir, a través de la gestión de las emociones promovemos la crianza positiva de los hijos.

Empecemos conociendo las emociones

Todos tenemos una idea de lo que son las emociones, pues todos las hemos experimentado a lo largo de nuestra vida. No obstante, siempre es bueno hacer un repaso. Por ello, en este enlace aparte he desarrollado brevemente algunos aspectos importantes sobre las emociones, para aquellos que deseen saber más.

Cómo gestionar las emociones

La gestión de las emociones implica un proceso de autoconocimiento y autorregulación que demanda de nosotros la constancia para mirarnos, evaluarnos y aceptarnos de forma continua. Gestionamos nuestras emociones cuando nos encargamos de aquello que sentimos para así orientarlo y dirigirlo a conseguir algún resultado (aclarar un malentendido, resolver un problema, definir metas futuras, establecer acuerdos, liberarnos de tensiones, etc.). A continuación comparto algunos pasos que pueden seguir para desarrollar esta habilidad:

1. Haz consciente la emoción

No se trata de controlar, negar o ignorar la emoción que estamos experimentando, sino más bien de sentirla, identificarla y comprenderla. Lo primordial es saber qué estás sintiendo: rabia, tristeza, miedo… Luego escuchar lo que la emoción te dice. Como mencioné arriba, la emoción nos brinda un reporte de cómo estamos interpretando la experiencia y de cómo nuestro cuerpo reacciona ante ella. Es importante estar atento a estas señales, que te permitirán saber qué tan afectado te encuentras, para así decidir si posees los recursos para afrontar la situación en el momento o si es mejor esperar equilibrar la intensidad de lo que sientes, pensando en la mejor forma de atender lo que ocurre. Ejemplo:

Identificación de la emoción: “Me siento molesta porque mi hijo no hizo la tarea”.
Interpretación: “Pienso que no se está tomando en serio sus responsabilidades y que está siendo grosero”.
Respuesta del cuerpo: “Me estoy poniendo tensa y me están dando ganas de gritar”.

2. Busca la calma

Si sientes que estás a punto de estallar o que no sabes cómo atender la situación lo mejor es detenerte y relajarte. Aléjate un momento del lugar donde está ocurriendo la situación que te afecta. Si estás en tu habitación, sal al patio de la casa; si estás en la calle o lugar público, ve a un lugar más tranquilo o despejado. Respira varias veces de forma pausada, refréscate la cara o toma agua si es necesario. Si hay otra persona que pueda encargarse de la situación mientras te calmas, pídele ayuda. En este paso se vale decir:

“Necesito calmarme y pensar mejor las cosas”.
“Vayamos a un lugar más tranquilo y dame tiempo de respirar”.
“En este momento no estoy dispuesto a hablar; luego resolvemos esto”.
“No deseo discutir; espera que me calme”.

3. Analiza la situación

Una vez recuperas la calma es importante analizar lo que sucede o sucedió para poder abordarlo efectivamente y tener soluciones a la mano. En muchos casos, cuando analizas la situación te podrás dar cuenta que hubo factores ajenos a ti o tu hijo que intervinieron o que hubo factores que pudiste controlar o evitar. En este paso es recomendable plantearte preguntas, haciendo un recuento de lo que sucedió antes y durante la situación e incluso en situaciones pasadas similares. Algunas preguntas que podrías hacerte son:

¿Hice algo para empeorar la situación?
¿Antes he permitido que esto suceda sin reaccionar así?
¿Realmente fui claro al hablar?
¿Mi hijo escuchó y comprendió lo que le pedí?
¿Pude haber evitado esta situación? ¿Cómo?
¿Algo pudo haber influido en la conducta de mi hijo?

4. Traza un plan de acción

Una vez has analizado la situación debes trazar un plan de acción sobre cómo atender o resolver la situación. En este plan debes considerar qué vas a decir y cómo, en qué momento y lugar atender la situación, qué medidas vas a aplicar o proponer, quiénes estarán involucrados, qué beneficios y consecuencias traerá tu plan, cómo lo puede a asumir tu hijo y con qué otras alternativas cuentas por si debes negociar. Ejemplo:

“Podría empezar preguntándole a mi hijo qué piensa de lo que pasó y cómo cree que podemos evitar que esto se repita. Le explicaré que me sentí molesta cuando me dijo que no hizo la tarea y que me resultó desagradable la forma en que alzó la voz. Es importante que sepa que no es necesario ser irrespetuoso al momento de plantear su opinión, que debe ser responsable con sus notas y con sus actividades escolares si desea contar con el privilegio de salir a jugar más tarde con sus amigos”.

5. Escucha, comunica y acuerda

Este es el momento para escuchar las emociones de las personas involucradas en la situación y para expresar las emociones que tú sentiste. Siempre es mejor permitir a tu hijo que diga cómo se sintió y luego decir cómo te sentiste tú. Cuando se trata de niños o adolescentes, es posible que necesiten de tu ayuda para expresar lo que sintieron y comprender el cómo reaccionaron. A veces los chicos se muestran confusos sobre sus emociones y les cuesta darles un nombre u ordenarlas. Si les ayudas con esto podrán crear un clima de confianza y comunicación que será útil para establecer acuerdos y resolver el problema. Una vez hayan comunicado lo que pensaron y sintieron, llega la ocasión para hablar sobre las consecuencias que traen ciertas conductas y de establecer acuerdos para el futuro. En estos acuerdos debe quedar claro qué hará cada uno y cuál es la mejor forma de reaccionar la próxima vez que suceda algo similar.

Mis recomendaciones finales para los padres

  • Ten en cuenta que los niños o adolescentes muchas veces reaccionan mal o emprenden conductas indeseables por factores de inmadurez o porque antes esa conducta fue reforzada con atención o beneficios. Lo importante es que como padres debemos ser modelos de madurez al momento de reaccionar ante situaciones conflictivas o indeseadas y enseñarles a actuar de forma más eficiente.
  • Es importante ajustar los pasos mencionados arriba a la edad de tu hijo. En el caso de niños pequeños, es necesario ser concreto al momento de hablar y explicar las cosas usando un lenguaje claro, preciso y comprensible.
  • Deshazte de la necesidad de controlar todo y de atender los problemas que tengas con tu hijo en el momento que están sucediendo; a veces es mejor esperar a que todos estén calmados.
  • Cada conflicto o situación que suceda con tu hijo es una oportunidad para aprender el uno del otro y para detenerse a establecer acuerdos de cómo evitar o repetir la experiencia vivida. Cuando hacemos esto improvisamos menos y somos más eficientes.

Sé que este artículo ha quedado largo, pero el tema lo requiere. Es posible que todavía tengan dudas al respecto. Si es así les invito a plantearlas en los comentarios y a estar atentos sobre los demás artículos que estaré escribiendo sobre crianza positiva.


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¿Qué es la crianza positiva?


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Es común escuchar en conversaciones entre adultos la creencia de que los niños de ahora no son iguales a los de antes, así como que la educación actual tampoco lo es. Bajo esta idea se asoma una especie de añoranza hacia esa educación “que sí era efectiva”, “donde los niños sí respetaban” y una especie de desconfianza hacia lo que se conoce actualmente como crianza positiva. Esta desconfianza es producto del desconocimiento y mala interpretación hacia lo que realmente promueve este modelo educativo. Es por ello que me animé a escribir al respecto, a fin de aclarar dudas y quizás de ganar algunos aliados.

No sabría decirles desde cuándo se empezó a hablar de crianza positiva. Es posible que este modelo de crianza haya surgido una vez comenzaron a reconocerse los derechos de los niños, debido a que está íntimamente relacionado con el buen trato, que ha sido uno de los principales puntos de atención en la creación de leyes y tratados. También es posible que a lo largo de la historia muchos padres se hayan atrevido a criar a sus hijos bajo métodos más positivos y respetuosos, aunque ello no fuese lo que reinase dentro de su sistema educacional y cultural. Un aplauso para ellos.

La crianza positiva es el establecimiento de límites y normas dentro de un contexto afectivo, donde el diálogo constante, la comprensión, el respeto y los acuerdos son los pilares de la relación padre-hijo y los medios más efectivos para lograr que los niños sean colaboradores, considerados y responsables de sus actos. La crianza positiva reconoce al niño como un sujeto de derechos y ajusta sus métodos al nivel de desarrollo evolutivo del niño, considerando siempre que éste siente, piensa, experimenta y aprende a su ritmo y a su manera.

Más que métodos, son formas de convivir y relacionarnos; constituyen un estilo de vida que adoptamos con la apertura de estar dispuestos a aprender constantemente a ser mejores padres. Nada tiene que ver con quedarnos en un lugar cómodo donde lo nuevo es rechazado, donde nos conformamos con lo que aprendimos de la crianza que recibimos de nuestros padres y con lo que nosotros consideramos que es correcto. Criar de forma positiva implica estar actualizados, prepararnos continuamente y hacer monitoreo constante de nuestros objetivos de crianza, así como de nuestra conducta. Ello en tanto que esta forma de criar tiene que ver con el sano desarrollo y crecimiento de los hijos tanto como el de los padres.

Para algunos la crianza positiva es una especie de utopía, creyendo que es inalcanzable o inaplicable. Quizás lo más difícil de este método es el conjunto de destrezas y habilidades que los padres deben desarrollar, lo cual implica esfuerzo y voluntad. Esto último es algo que pocos quieren asumir. Lo segundo más difícil es convencerlos de que eso que han escuchado o interpretado de la crianza positiva nada tiene que ver con la misma. A modo de aclarar confusiones o ideas distorsionadas aquí les dejo algunos puntos a considerar:

Qué NO es la crianza positiva 

  • No es permisiva ni indulgente. Esto quiere decir que no promueve el que los padres dejen hacer a los niños lo que desean, sin ponerles límites y llamarles la atención. Así como se basa en los derechos, la crianza positiva se basa en los roles definidos y en los deberes de cada quien.
  • No es cómoda o negligente. No trata de permitir que los niños se críen solos, mientras el padre hace poco por cuidarlos y educarlos. Por otro lado, el padre se apoya de otros para criar pero no delega sus responsabilidades en los demás.
  • No es represiva ni autoritaria. No usa el castigo físico, las amenazas, la intimidación, la imposición de normas, los gritos y la humillación. No está dirigida a controlar a los hijos sino a acompañarlos, invitando a los padres a establecer otras maneras de relacionarse con sus hijos.
  • No es un modelo romántico. Este modelo de crianza está basado en diferentes disciplinas sobre el desarrollo humano, como la psicología, la pedagogía, el derecho, la antropología y la sociología. Es un modelo exigente para padres que desean criar sin violencia, promoviendo el desarrollo integral de sus hijos. 

Qué beneficios conlleva 

  • Una relación sólida entre padres e hijos, donde predomina el respeto, la confianza y la consideración por el otro.
  • Los padres aprenden a educar de forma sensible y consciente y los hijos a obedecer de forma crítica y responsable.
  • Fortalece la autoestima de los hijos, así como la de los padres. Con ello, no me refiero a padres e hijos perfectos, sino a seres humanos que aceptan sus defectos, aprenden de sus errores y saben cuándo deben pedir disculpas.
  • El clima familiar es armónico y afectuoso, teniendo herramientas para afrontar las situaciones de estrés o sabiendo pedir ayuda cuando es necesario.
  • El vínculo afectivo permanece a lo largo del tiempo.
  • Es un modelo que fomenta habilidades para la vida, las cuales harán de los hijos adultos capaces para valerse de sí mismos y construir relaciones sanas. 

Como pueden ver, más que una actitud, la crianza positiva es un compromiso, un plan de vida. ¿Quieren asumirlo? Si se animan, este es el inicio de una serie de escritos que estarán dedicados a ofrecer a los padres herramientas útiles para criar positivamente. Dichos escritos estarán divididos en lo que considero los cuatro pilares de la crianza positiva, a saber.

  1. El manejo emocional de los padres
  2. Establecer límites firmes y consistentes
  3. La comunicación asertiva
  4. El abordaje de las conductas difíciles

Los invito entonces a estar atentos a las próximas publicaciones y en general a leer el contenido de este blog, el cual está orientado a la promoción de la crianza positiva.

¿Tienes alguna duda u objeción sobre la crianza positiva? No dejes de compartirla en los comentarios.