Psic. Anaís Barrios


4 comentarios

Parto respetado: mi decisión, mi cuerpo, mi bebé (entrevista a la Dra. Heydy Corro)


emabarazada

Nos encontramos en la Semana Mundial del Parto Respetado y no podía dejar de hablarles de ello. Desde hace unos 8 meses, desde que me enteré que estoy embarazada y comencé a prepararme para ello, el parto respetado se ha vuelto una especie de obsesión. He estado sorprendida por todas las historias y todos los aprendizajes que he recibido sobre el embarazo, el cuerpo humano, el trabajo de parto, el papel de la pareja, los derechos de la parturienta y los del niño por nacer. Lo que más me impresiona es saber que existe un número alto de mujeres que paren sin conocer el poder que tienen para hacerlo y cómo podrían aprovecharlo para tener un parto menos doloroso y más digno.

Otro punto que me impresiona es la cantidad de mujeres en proceso de parto que son sometidas a malos tratos por parte de las instituciones y el personal médico. Todo ello, a pesar de que en Venezuela contamos con la Ley Orgánica por el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, donde se clasifica a la violencia obstétrica y la esterilización forzada como un delito.

A fin de celebrar la Semana Mundial del Parto Respetado, con su lema de este año “mi decisión, mi cuerpo, mi bebé”, y de compartir un poco de lo que he aprendido, dejo con ustedes una entrevista que me ofreció muy amablemente la Dra. Heydy Corro, quien para mi fortuna es la especialista que ha estado monitoreando el curso de mi embarazo y que me acompañará el día de la llegada de mi hija Andrea Sofía.

Antes, es necesario presentar de manera un poquito más formal a la Dra. Heydy Corro, pero creo que es mejor hacerlo a través de sus propias palabras:

Médico egresada de la Universidad de Carabobo en el año 1996. Taller de parto natural en el año 1999. Gineco obstetra egresada de la Ciudad Hospitalaria Dr. Enrique Tejera en el año 2001. Esposa y madre de 2 hijos, uno a través de parto natural y el otro por cesárea. Hija de Haydee, madre de 6 hijos, todos paridos (y la primera en podálico); nieta de Ña Ramona, madre de 8 hijos, todos paridos. Laboro en la Maternidad y Centro Pediátrico Santa María, donde funciona la segunda Sala de Parto Natural del estado Carabobo, y estoy benditamente condenada a hacer lo que me gusta.

Anaís Barrios: Desde su experiencia profesional, ¿qué diferencia al parto medicalizado del parto natural respetado?

Heydy Corro: Ante todo, mis sinceras felicitaciones por tan linda iniciativa que segura estoy servirá de ayuda a muchas mujeres, que buscan vivir esa experiencia maravillosa de poder parir y, casi siempre por desconocimiento, no pueden lograr ese sueño… 

Parto medicalizado es aquel donde se interviene de manera innecesaria, ya sea con el uso de medicamentos (oxitocina), tactos a cada rato, monitoreos exagerados y constantes, sin patologías que lo ameriten, uso de epidural, etc., casi siempre con el propósito de apresurar el nacimiento, para conveniencia del personal asistencial o de la propia paciente. 

Parto natural respetado, como su nombre lo indica, es aquel parto donde no se le quita el indiscutible protagonismo a la madre y al bebé, respetando la fisiología del mismo, los tiempos, los deseos y necesidades de la madre; la intimidad que supone traer un bebé al mundo; ser lo menos invasivo posible. Los padres eligen cómo realizar el trabajo de parto, qué posiciones adquirir, partiendo del hecho de que lo más cómodo es también lo más fisiológico, para llegar finalmente al momento del nacimiento y, no conforme con eso, respetar también los derechos del bebé acabado de nacer: permitirle el contacto con las personas que más lo aman en este mundo después de Dios, que las primeras palabras que escuchen sus oídos sean “bienvenido”, “te amamos”, “Dios te bendiga”… Y que reciba la lactancia materna, obviamente si está en condiciones de hacerlo, que es casi siempre, para pasarlo luego a manos de su pediatra.

Debe quedar claro que parto respetado no es sinónimo de no intervenido. Muchas veces es necesaria la intervención médica con maniobras, tactos para ayudar a una dilatación estacionaria, uso de oxitocina para regularizar una dinámica uterina… El punto está en usarla cuando sea realmente necesario.

AB: Siendo una minoría los profesionales venezolanos que apuestan por un parto más respetuoso para la madre y el bebé, ¿cómo llegó usted al parto natural respetado?

HC: Con tristeza recuerdo, durante mi postgrado, a muchas pacientes que les tocaba parir en instituciones públicas, con caras de desolación, miedo, abandono, desespero, ira. Con sus miradas pedían ayuda, un trato digno… Y, con el transcurrir del tiempo, fui adquiriendo experiencia y me di cuenta de que con tan solo llamarlas por su nombre y no por el número de cama, con hablarles un poco, pasarles una mano por la cabeza, una pequeña caricia en su panza, se daban cambios radicales, tanto en su comportamiento en el trabajo de parto como en el expulsivo y en la actitud del niño al nacer…

En una ocasión en el suplemento medico leí un artículo sobre parto en agua, de la Dra. Damary Cardeñosa, pionera en partos respetados en el estado Carabobo y acudí a ella, quien me orientó y me alentó a crear un grupo para sensibilizar al personal médico. Encontré lo que hasta entonces no sabía que estaba buscando. Me dio nombres de verdaderos y reconocidos maestros y, como en casa me enseñaron que los sueños no te persiguen a ti, me dediqué a la tarea de organizar el 1er Taller de Parto Natural en el estado Carabobo, de la mano de maestros de la talla de Eva Gundberg, Damary Cardeñosa, Nury Flores, Dr. Arcay, Beatriz de Berrocal, entre otros.

AB: ¿Cómo visualiza el futuro del parto natural respetado en Venezuela? ¿Qué logros faltan alcanzar en este campo?

HC: Vamos a paso lento pero seguro; nadie dijo que era fácil. Somos actualmente muy pocos… Pero estamos haciendo un trabajo de hormiguita, arduo, cansón, sacrificado, poco valorado. Somos criticados muy fuertemente, sobre todo por nuestros colegas, a quienes hasta me ha tocado oírles decir que somos los médicos de la prehistoria…

Pero Dios no se equivoca; nos hizo mamíferos y los mamíferos paren, no ponen huevos… por allí entran, por allí deben salir. El útero se conecta con la vagina no solo para que salga el fluido menstrual. Es perfecto nuestro diseño; parir es natural, es poder, es dar vida, es aprender, es reivindicarse, es emponderarse… Visualizo un futuro prometedor, pues cada mujer que ha concientizado su parto independientemente de quien se lo haya atendido es la encargada de promocionarlo, promoverlo, publicitarlo, reclamarlo: el parto es nuestro; que nos lo devuelvan.

Logros: sensibilizar, sensibilizar y sensibilizar; lo demás vendrá solo. Desde las escuelas, los medios de comunicación, facultades de medicina, enfermería, etc.

AB: ¿Podría mencionarnos algunos procedimientos médicos rutinarios que pueden entrar dentro del marco de la violencia obstétrica?

HC: Uso de oxitócicos de forma indebida y sin el consentimiento de la paciente, uso de enemas rutinarios sin aprobación de la paciente, exploraciones genitales repetidas, amniorexis de rutina, obligar a la paciente a permanecer en decúbito, prohibición absoluta de la vía oral, no permitir libertad de movimiento, maltrato verbal, cesáreas injustificadas, no permitir el apego precoz y no promover la lactancia inmediata en un bebé sano.

AB: En el terreno del parto respetado se habla de combatir la violencia obstétrica, ¿qué tan realista es aspirar a la eliminación de esta forma de violencia cuando es tan poco el personal médico sensibilizado con este tema y tan alta la demanda en mujeres embarazadas?

HC: Aspirar nunca ha sido malo… Pero, ubicándonos en nuestra realidad, con esta escasez de hospitales, que además están abarrotados de parturientas, es prácticamente imposible solicitarles al personal que no sean partos medicalizados, ya que de una u otra forma esto acelera el trabajo de parto de tal manera que acorta la estancia en la sala de preparto y al mismo tiempo, provee una cama más para una nueva paciente. Pero nada cuesta dar un trato más humano a esas mujeres que se encuentran en una de las labores más sagradas de la naturaleza, como es dar vida… Y si las educamos bien en las consultas prenatales, quizás podrán llegar con dilataciones avanzadas. También pudiéramos permitir la entrada a voluntarias, doulas o facilitadoras de nacimiento, que podrían brindarle compañía en su trabajo de parto o sencillamente en nuestra guardia, médico, estudiante, camarera o enfermera, tomarse unos segundos para un pequeño contacto físico o visual, que estoy segura ellas recordarán y agradecerán por siempre. Volvemos a lo mismo: sensibilizar.

AB: ¿El parto respetado podría favorecer formas de crianza menos violentas?

HC: Definitivamente… “para cambiar al mundo, hay que cambiar la forma de nacer” (Michel Odent). Ese primer sentimiento, al llegar a este mundo luego del nacimiento, deja una impronta. Estoy plenamente convencida de que el bebé debe sentir amor de forma inmediata, inclusive si nace comprometido; aunque sea solo unos segundos, debe percibir el amor de sus padres a través de un beso, un roce o unas palabras, que le hagan sentir bienvenido.

Con todo respeto para mis colegas pediatras, no es lo mismo fijar este recuerdo, que el de una sonda a través de tu boca, garganta y nariz, o el de un termómetro en el recto, o el de un pinchazo con la vitamina k en una pierna, o el de una mano luchando con tu ojo para aplicar unas gotitas… todos procedimientos completamente necesarios, pero que pueden realizarse después de hacerlos sentir amados y esperados.

AB: ¿Qué beneficios traería el comenzar a hablar en las escuelas de parto respetado dentro de los programas de educación sexual?

Todo lo que tenga que ver con educación es bueno y necesario, y no puede dar más frutos que el beneficio. Volver a lo natural es la premisa.

AB: ¿Qué opina de los cursos de psicoprofilaxis dirigidos a padres? 

HC: Ojalá existieran más escuelas, incluso auspiciadas por el gobierno. Considero que estos cursos deberían ser obligatorios e inclusive gratuitos para las clases más desfavorecidas. Estoy segura de que disminuirían las complicaciones y les daría la oportunidad a más bebes de nacer libres de violencia, lo cual repercutiría en una sociedad más sana.

AB: Desde su experiencia, ¿qué condiciones ambientales, sociales, clínicas, emocionales y físicas hacen posible que una mujer pueda disfrutar de un parto natural respetado?

HC: “Parir es poder“; es la culminación del acto sexual, por tanto solo necesitas intimidad, seguridad y confianza.

AB: Finalmente, ¿podría compartir una experiencia profesional o personal que ilustre lo que es el parto respetado?

HC: Son muchas, a Dios gracias. Pero hay una en particular que marcó mis inicios, cuando le di parto a una mujer con cesárea anterior, que según había sido realizada por estrechez pélvica. Pero a ella le llamaba la atención que su médico anterior nunca la tactó, por tanto tenía sus dudas con respecto a la estrechez… Y decide controlar este nuevo embarazo con mi persona, el cual transcurre de forma favorable. Realizó su curso prenatal, donde obtuvo las herramientas y el saber. Llegado el momento, entregó su cuerpo al proceso dejándolo fluir; pasó su trabajo de parto caminando, balanceando sus caderas y emitiendo sonidos de mantras, en compañía de su esposo, doula y bajo mis ojos expectantes, que vivían y acompañaban el proceso, hasta que sintió la llegada de su bebé y me dijo: Heydy, estoy lista. Y al colocarse en posición ya asomaban los cabellos de esa niña tan esperada… De los ojos de su padre brotaban lágrimas de felicidad y, al terminar de salir y abrazar a su niña, sus primeras palabras fueron: Sal y dile al mundo que parí.

__________

Con esta gran historia que nos comparte la Dra. Heydy termino este artículo, esperando que algo de lo expuesto aquí haya sido de su provecho y que les haya surgido el interés de saber más sobre el parto respetado y sobre nuestro derecho como padres a vivirlo y exigirlo.

Aquí les dejo este enlace sobre la Declaración de Fortaleza: recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud sobre el Nacimiento.

Si eres madre o padre, comparte con nosotros tu experiencia de parto en los comentarios.

Anuncios


1 comentario

Palabra afectiva: la nana en el desarrollo del niño


babé arullo

“En palabras fui engendrado y parido, y con palabras me amamantó mi madre. Nada me dio sin palabras.”

José Manuel Briceño.

En el pasado, tuve la oportunidad de leer y escuchar que la nana o canción de cuna representaba el primer contacto del niño con la poesía. En esencia, se podría decir que la nana forma parte de los primeros contactos del niño con la palabra. Y la palabra no es más que ese maravilloso instrumento del que nos apropiamos progresivamente para nombrarnos a nosotros mismos y nombrar al mundo. ¿Qué seríamos sin las palabras?

La nana no sólo es palabra poética, es sobre todo palabra afectiva. Es en esto último donde se condensa su mayor poder y es precisamente de ello de lo que les quiero hablar en esta ocasión.

Resulta que hace poco tuve la oportunidad de crear un encuentro con madres y padres gestantes para hablar sobre los beneficios socioafectivos de la nana y el arrullo en el desarrollo del niño. Para ese encuentro preparé una breve información sobre la nana que hoy quiero compartir con ustedes. Mi ilusión es animarlos a cantarles nanas a sus hijos como una forma de consolidar el vínculo afectivo y al mismo tiempo de alimentar amorosamente el desarrollo psicológico de los mismos. Aquí les dejo lo que conversamos el día del encuentro.

¿Qué es una nana?

Es una canción popular, producto de nuestra tradición oral, que está destinada a calmar, arrullar o dormir al niño. La nana existe desde hace cientos de años y se ha venido transmitiendo de generación a generación. En todos los continentes del mundo hay nanas ancestrales que conservan temas en común y que tienen el mismo fin. En la actualidad, contamos con un sinfín de nanas antiguas y modernas para consolar y consentir a nuestros hijos.

Características de la nana

  • Es una canción breve, elaborada en lenguaje sencillo, sin dejar de ser poético, donde se nombra la vida cotidiana del niño: papá, mamá, hermanos, abuelos, teta, leche, cuna, sueño…
  • Ella representa la unión de voz, canto y movimiento de arrullo o balanceo que tanto disfruta y conforta al niño.
  • Su ritmo y cadencia suelen ser monótonos y repetitivos, simulando los latidos del corazón, a los cuales el niño está acostumbrado desde su estancia en el vientre materno.

Función de la nana

  • Está dirigida a que el niño concilie el sueño, se calme o se entretenga durante alguna actividad cotidiana.
  • Brinda protección, seguridad, calma y sobre todo amor. El movimiento de arrullo junto al ritmo que la compone hace que la nana sea un recurso afectivo y efectivo.

Beneficios emocionales y cognitivos de la nana

  • El arrullador cumple un importante papel en el desarrollo del niño, pues no sólo canta y se balancea para calmar, dormir o consentir al niño, sino que hace sentir su presencia, enviándole a éste el mensaje de “estoy disponible para ti”, “eres importante”.
  • La nana facilita el contexto perfecto para que tenga lugar aquello que en psicología llamamos la mirada especular. Esta se refiere al reflejo del niño en los ojos de la madre o del padre y a la fascinación del mismo con la imagen que los ojos le devuelven. Si los ojos de los padres transmiten admiración, enamoramiento y amor el niño será dotado de estas sensaciones que luego las reconocerá como parte de sí mismo y tendrán peso en el desarrollo de su identidad.
  • Aunque el niño no entiende nuestra canción va haciendo un registro de palabras y experiencias afectivas que serán pilares en la construcción de su Yo, autoestima y confianza en el mundo.
  • La nana desarrolla el vocabulario del niño y al ser el primer contacto con la palabra poética puede convertirse en un gran estímulo para que el niño desarrolle una relación amorosa y placentera con la lectura y los libros.

Recomendaciones para cantar una nana

  • Ajusta la voz y prepara el cuerpo. Canta bajito y cerquita, facilita el contacto de miradas y emplea los brazos como sostén, refugio y contención.
  • Debes estar relajado y en calma. Una nana no tendrá efecto si es es cantada con rabia, desesperación, miedo o ansiedad.
  • Observa la respuesta de tu hijo para que sepas cuál es su frase o pasaje favorito. Ése es el que repetirás cuando tu hijo lo pida o necesite.
  • Anímate a escribir y crear una nana para tu hijo. Usa como base la melodía de una nana conocida y sobre ella agrega el tema que más te inspire. Puedes incluir el nombre de tu hijo en la canción creada. Imagínate el aporte adicional que tendrá para tu hijo el saber que fue creada una nana exclusivamente para él.

Como ven, lucen maravillosos los efectos que la nana puede tener sobre el niño y la relación entre madre, padre e hijo. Falta que se atrevan a probarlos y experimentarlos.

Para terminar, ¿recuerdan alguna nana o canción de cuna que les fue cantada durante su infancia? Compartan en los comentarios.

 


Deja un comentario

El estrés del maestro también afecta a los niños


Niño reposa sobre cuaderno

Es difícil que el maestro no sufra de estrés durante su ejercicio profesional. Puesto que el entorno organizacional donde se desenvuelve suele ser muy exigente, debido a las constantes demandas que recibe de la institución donde labora, los alumnos y sus representantes. Casi siempre son muchas demandas y poco reconocimiento y, en la mayoría de los casos, poca remuneración económica en relación a sus esfuerzos.

Esto sin mencionar los problemas personales que enfrenta el maestro como ser humano que es. Bajo estas condiciones es probable que muchos maestros no cuenten con las herramientas y recursos personales para afrontar y manejar el estrés de forma efectiva. Es por ello que a veces incluso un buen maestro grita, se altera, pierde el manejo del grupo, toma decisiones o medidas improvisadas, pierde el sentido de justicia y equitatividad, tiene problemas de comunicación con sus compañeros de trabajo y con los representantes.

Esta dificultad (que muchos podemos tener) para manejar el estrés y mantener un equilibrio socio-emocional se hace evidente en el salón de clase cuando un maestro:

  • Deja de ser empático con sus alumnos.
  • Les exige mucho y no reconoce sus avances o logros (inconcientemente repite en los otros lo que vive). O por el contrario, es muy permisivo, evitando colocar límites firmes y consistentes.
  • No escucha ni deja hablar a sus alumnos, ignorando lo que piensan y sienten.
  • Se enfoca más en los problemas o conductas negativas de los alumnos y menos en las soluciones o conductas positivas.
  • No comprende la etapa evolutiva ni las diferencias individuales de sus alumnos, malinterpretando sus conductas.
  • Sonríe y juega menos, regaña y crítica más.

Todo ello no sólo afecta el vínculo docente-alumno, sino que también puede afectar la autoestima del niño, su autoconcepto, capacidad de integración escolar, su manera de colaborar con las normas del salón, su motivación para aprender, pudiendo percibir el entorno escolar y la relación con su maestro como hostil o amenazante. Desde mi experiencia profesional, mientras más dificultades de manejo emocional presente un maestro más difícil será la conducta de sus alumnos; volviéndose el aula un campo de batalla, donde la lucha de poder predomina sobre el afecto, la comprensión, el respeto y la admiración.

Si vemos el salón como un sistema, eso nos lleva a notar que el comportamiento de cada uno de sus integrantes afecta a los otros y el sistema en algún punto deja de funcionar satisfactoriamente. El motivo de este escrito no es el de responsabilizar al maestro de lo que puede generar en el niño; sino hacer entender a los padres que sus hijos y ellos mismos pueden afectar al maestro, así como el maestro puede afectarlos a ellos. Si no existe una colaboración mutua, un trabajo en equipo, una comprensión y tolerancia constante, si no hay empatía entre todos los que confluyen en el salón de clases, entonces puede aumentar las condiciones de estrés para todos.

Y no es suficiente con colaborarle al maestro; es necesario que éste busque maneras sanas para drenar su estrés y darle un significado a su trabajo que lo llene de motivación y satisfacción personal. Entre los aspectos más importantes que debe cuidar y cultivar un maestro como fuentes antiestrés son: tomarse un tiempo para disfrutar y compartir con sus alumnos, hacer ejercicio físico, contar con una actividad extra de su agrado, recrearse con frecuencia y mantener relaciones familiares positivas. Cuando el estrés escolar o familiar sobrepasa su capacidad de respuesta, lo mejor es buscar ayuda profesional.


2 comentarios

Aquello que creemos que no es maltrato infantil pero sí es -parte I-


J*U*L*E*S â?º by Hugo Berthe

Cuando se habla de maltrato infantil es común que nos imaginemos aquellas formas de maltrato más evidentes: la marca de un correazo sobre el cuerpo del niño, un insulto extremadamente soez o el abuso sexual. Pocas veces las personas se detienen a pensar en aquellas formas de maltrato que suelen pasar desapercibidas en la vida cotidiana, bien sea porque han sido naturalizadas o porque surgen de la ignorancia o improvisación de quien las emprende. Es por ello que me he dispuesto a escribir sobre aquello que a veces creemos que no es maltrato infantil pero que sí es y está presente en la relación de muchos adultos con los niños.

Dentro de un concepto formal de maltrato infantil podremos encontrar que el abuso físico, el abuso emocional, el abuso sexual, la desatención, el trato negligente y la explotación son formas en las que se presenta este tipo de violencia. Dentro de estas formas de maltrato existen variantes y niveles de severidad que, aunque leves o sutiles, no están fuera del marco de los malos tratos, puesto que afectan el desarrollo integral del niño al generar malestar, sufrimiento o daño de tipo físico, emocional, moral y/o espiritual.

Con este artículo busco invitarlos a reflexionar sobre las variadas maneras en que podemos ser agresores o victimarios, en las que podemos colocar al niño en una posición no deseada de vulnerabilidad e indefensión. A continuación mencionaré algunas formas de proceder de los adultos que entran dentro del marco del maltrato infantil. Lamentablemente son muchas formas y no podré abarcarlas todas, de modo que trataré de mencionar las que observo con mayor frecuencia en la consulta o en el contexto que me rodea.

Un divorcio conflictivo

El divorcio puede llegar a ser para los hijos un proceso doloroso y difícil de asimilar, mucho más cuando el mismo es llevado de forma conflictiva. Esto tiene que ver con unos padres que no pueden establecer acuerdos sobre el cómo se configurará la familia, se distribuirán las responsabilidades y los bienes compartidos tras la separación. En ocasiones, la naturaleza de este conflicto deviene de que una de las partes no quiere ceder, pero más complejo es cuando son ambas partes las que no ceden y se entregan a una batalla de poder donde los hijos quedan atrapados recibiendo o tratando de esquivar los ataques que sus padres se propinan entre sí. En este marco relacional, se pueden presentar diferentes formas en las que los padres o familiares cercanos maltratan a los niños:

  • Cuando no se ofrece a los hijos una explicación razonable y consensuada del porqué de la separación, ni se brinda información sobre los cambios que tendrá la dinámica familiar y los roles.
  • Cuando se transmite a los hijos los sentimientos y pensamientos personales acerca del otro padre (“tu papá nos abandonó por otra mujer”, “es tu mamá la que no quiere que seamos felices”).
  • Cuando se pone a los hijos a elegir entre un padre u otro en un contexto de chantaje, presión, engaños y manipulación. Aquí es muy común que alguno de los padres haga promesas de una vida mejor que en realidad no puede ofrecer o deslumbre al niño con regalos materiales o límites permisivos.
  • Cuando se vuelve a los hijos testigos de discusiones, amenazas y agresiones verbales, psicológicas, físicas o patrimoniales.
  • Cuando se generan condiciones para que el hijo no tenga contacto con el otro padre.
  • Cuando se obliga o convence al hijo para que haga o diga cosas en contra del otro padre.
  • Cuando uno de los padres decide castigar al otro por medio del abandono de los hijos, desentendiéndose de ellos económica, física y emocionalmente.

Éstas y otras acciones entran dentro del marco del maltrato psicológico y la desatención, generando sufrimiento, ansiedad, confusión, miedo, sensación de abandono y desamor. Cuando estas condiciones se mantienen en el tiempo, he podido ver cómo los niños caen en una especie de apatía afectiva, donde la desesperanza y la adopción de las conductas corruptas que aprendieron de sus padres se vuelve algo natural.

Mostrar preferencia por alguno de los hijos

De entrada podría sonar un poco desnaturalizado, pero es muy frecuente. Es habitual que los padres tengan expectativas sobre los hijos, construyendo en su mente una especie de hijo ideal. El problema surge cuando estas expectativas son tan rígidas que no se adaptan a las características de los verdaderos hijos. Entonces nace la preferencia hacia aquel que se amolda más a los deseos del padre. Dicha preferencia se manifiesta de forma sutil o muy evidente a través de un trato más afectuoso o considerado, un vínculo más estrecho, atención incondicional, obsequios más bonitos o costosos para un hijo, mientras que el o los otros reciben más críticas, desatención, indiferencia, presiones y menos obsequios. Aquí tenemos otra forma de maltrato psicológico producto de la inmadurez de un padre que busca compensar sus carencias o frustraciones a través de los hijos.

Exponerlo a una disciplina deportiva demasiado exigente

Este punto puede estar relacionado con el anterior y ocurre cuando el padre propicia que el hijo se involucre en disciplinas deportivas de alto rendimiento, cuyas demandas de tiempo y entrenamiento van más allá del nivel de maduración del hijo. En muchos casos el hijo debe administrar su tiempo entre la escuela y el deporte, teniendo muy pocas oportunidades para la recreación, el esparcimiento, la socialización y el descanso. Prácticamente se obliga al hijo a vivir un régimen de vida explotador que nada tiene que ver con la vida de un niño o adolescente. Durante la infancia el deporte debería ser una oportunidad de disfrute y no la inducción a la profesionalización y la elección de una carrera prematura. Con esto último, no sólo se distorsiona el flujo natural del desarrollo evolutivo del hijo sino que se coloca en riesgo su salud física al exponerlo a lesiones músculo-esqueléticas producidas por entrenamientos no ajustados a su desarrollo psicomotor. 

No cumplir con los tratamientos médicos que requiere

Esto suele presentarse con más frecuencia en casos de niños que presentan algún tipo de condición congénita, discapacidad o enfermedad crónica. Al tratarse de condiciones que se mantienen en el tiempo, algunos padres, por descuido, comodidad o decisión propia, optan por no cumplir con los requerimientos en cuanto a atención y tratamientos médicos que los hijos necesitan, colocando en riesgo su calidad de vida, su integridad física y su integración social. Un ejemplo de ello lo pude ver con cierta incidencia cuando trabajé en la unidad de diabetes pediátrica de un hospital de mi ciudad: niños siendo internados por un coma diabético o niños con pérdida parcial o total de la vista por no recibir de sus padres los tratamientos recomendados. Pero también se puede observar en condiciones de salud transitorias o temporales, cuando por ejemplo una alergia en la piel es descuidada al permitir al hijo bañarse en una piscina y recibir sol sin ninguna protección. Esto tiene que ver con maltrato físico y descuido parental. 

Obligarlo a que asuma nuestras convicciones religiosas

Aquí quiero hablar en especial de cuando esas convicciones religiosas son adquiridas recientemente. Es decir, cuando el padre ha generado un cambio en sus creencias religiosas, con el convencimiento de haber encontrado su camino espiritual, y quiere meter a empujones y presiones al hijo. Muchas veces asumir una nueva religión implica cambios en el estilo de vida, modificándose las rutinas, la vestimenta, la alimentación, los círculos de amistades o los hábitos. Bajo estas condiciones, un padre puede maltratar emocionalmente a su hijo si no le explica el porqué de los cambios, no le ofrece la información necesaria sobre la nueva religión y le obliga a asumir la nueva dinámica de creencias sin considerar su madurez para comprenderla y asimilarla, ni mucho menos atender a sus opiniones y propias creencias. Mucho más grave aún es cuando se expone al niño o adolescente a presenciar rituales donde se sacrifica animales, se invoca a espíritus, se habla en lenguas, se habla de poseídos o de exorcizar; puesto que son situaciones que les llenan de ansiedad, confusión o temores. Esto sin ahondar en las sectas religiosas que pueden llegar a ser formas de secuestro y cautiverio.  

Obligarlo a trabajar en el negocio familiar

El trabajo conlleva responsabilidades y compromisos propios de la vida adulta. Un niño o adolescente puede involucrarse y colaborar eventualmente con algunas labores del negocio familiar sin que ello interrumpa su derecho a la educación, la recreación, el juego, la socialización y el descanso. Puede significar una forma de explotación cuando se obliga a un niño o adolescente a trabajar en el negocio de la familia cumpliendo horarios o responsabilidades que van más allá de su nivel de maduración y que pasan por encima de sus derechos y necesidades. Más explotado estará el infante si no recibe remuneración por sus labores ni reconocimiento. Esta situación se manifiesta con gran ocurrencia durante la temporada vacacional, ciclo donde se obliga al hijo a trabajar en vez de que aproveche su descanso escolar para el disfrute de otras actividades y el desarrollo de otros intereses.

Exponerlo a información sexual no adecuada a su edad o curiosidad

Se puede considerar una forma de abuso sexual si los padres no son cuidadosos al momento de tener relaciones sexuales y exponen al niño a que los vea. Esto ocurre con alta incidencia cuando los hijos comparten la habitación de los padres. Mostrar a un niño o adolescente fotos, películas, videos, caricaturas o escenas con información sexual explícita también es una forma de abuso, puesto que pueden generar un impacto y distorsionar la forma en que el niño o adolescente comprende y vivencia su sexualidad. Aquí también entra el descuido parental cuando no se educa a los hijos en el uso adecuado de las tecnologías y no se hace un monitoreo del tipo de información a la que acceden a través de la televisión por cable, los juegos en línea, las redes sociales, las páginas de buscadores y los servidores de vídeo.

Con estas primeras siete formas de maltrato infantil cierro este artículo. Como pudieron ver son configuraciones de la violencia que suelen pasar solapadas dentro del ejercicio de la crianza. En otra entrega compartiré otras con el fin de ampliar la información y sobretodo de sensibilizarlos en la adopción y promoción de formas más sanas y justas de criar y relacionarnos con los niños y adolescentes.

———————————

¿Conoces otra forma en la que el maltrato infantil se puede presentar? Compártela y da tu aporte en los comentarios.


Deja un comentario

Ser padres autoreflexivos


woman thinking

Entre los roles más complejos a nivel relacional que un ser humano debe afrontar, se encuentra el rol de ser padres. Dicha complejidad viene dada en que la relación padre-hijo o madre-hijo es una relación donde existe una asimetría esencial, puesto que uno depende del otro y el otro tiene el poder y el deber de educar y cuidar. Dentro de esta relación asimétrica confluyen y se contraponen al mismo tiempo sentimientos, deseos, pensamientos y creencias. Además, hay que agregar que los miembros de esta relación forman parte de generaciones diferentes, lo cual marca tendencias y demandas educacionales distintas.

La complejidad, positiva o negativa, que desarrollemos en la relación con nuestros hijos va a depender, entre otras cosas, de nuestra capacidad de autorreflexión. Cuando hablo de una complejidad negativa en la relación padre-hijo, me refiero a ese tipo de relaciones basadas en la tensión y hostilidad constante, a los esfuerzos de uno por controlar y del otro por rebelarse, a la no aceptación de los sentimientos y pensamientos del otro, a la manipulación o amenaza constante, al no reconocimiento de los propios errores y a la imposición mutua de deseos o expectativas. Como podemos ver, en una relación de complejidad negativa prevalece la ausencia de respeto y de autorreflexión. Mientras que en una relación de una complejidad positiva entre padre-hijo existe todo lo contrario, puesto que dicha relación está basada en el equilibrio, la responsabilidad, la justicia y la equitatividad.

Ahora bien, ¿en qué consiste ser un padre autorreflexivo? La autorreflexión parental (así la llamaré) implica el monitoreo constante de nuestros pensamientos, emociones, creencias y acciones para valorar qué tan congruentes somos al momento de expresarlas o ejercerlas durante la crianza. No somos congruentes cuando regañamos a nuestro hijo por interrumpirnos mientras trabajábamos si nosotros lo interrumpimos mientras él juega. Lo que es importante para cada uno merece respeto.

La autorreflexión es reconocer nuestras debilidades, defectos, errores y temores, buscando la ayuda o la manera para minimizarlos o manejarlos lo mejor posible. Es hacer una revisión de nuestra historia de vida y poder elegir de ella aquello que nos genera bienestar y esforzarnos por elaborar o desechar aquello que nos hace daño o nos limita. Somos autorreflexivos cuando, por ejemplo, sabemos que nos da miedo nadar y damos un paso atrás para dejar que nuestro hijo se lance a la piscina. Somos autorreflexivos cuando pedimos disculpas después de haber cometido un error o cuando valientemente decidimos no repetir los patrones de violencia que aprendimos en nuestra familia.

En este proceso constante de monitorear nuestro ejercicio de la paternidad, enmendamos, cambiamos y superamos conscientemente las dificultades, reconociéndonos como seres humanos en aprendizaje continuo, lo cual no hará más que desarrollar nuestro valor personal y autoestima.

Lo mejor de esto es que nuestro hijo aprende a ser autorreflexivo también. Y cuando padre e hijo son autorreflexivos, el padre no tiene la necesidad de controlar y el hijo no tiene la necesidad de rebelarse; el padre cría consciente y críticamente y el hijo obedece consciente y críticamente.

Los hijos no quieren padres perfectos; tampoco quieren padres llenos de errores e incapaces para reconocerlos. Los hijos incluso son quienes detectan mejor los defectos de los padres y quienes desde diferentes métodos los confrontan a cambiar. Entonces no seamos soberbios, aprendamos en la relación con nuestros hijos a ser mejores personas, aprendamos a crecer mientras criamos.

Ya decía el pedagogo Gianni Rodari “deberíamos crear reglas para nuestro comportamiento, no para el de los niños”.