Psic. Anaís Barrios

Lo que aprenden los niños del castigo físico

8 comentarios


 

Imagen 09

Untitled by Colby Stopa

“Te pego para que aprendas”.

“A ese niño le falta un buen correazo para que sepa respetar”.

“Si mi hijo me habla así, ten por seguro que se gana unas cachetadas”.

“Un correazo a tiempo no le hace mal a nadie”.

“Si no te pego, no aprendes”.

“Te pego porque soy tu mamá y tienes que aprender a hacer caso”.

“Tendrás que aprender a los golpes”.

¿Les resultan familiares estás frases? Es posible que muchos de nosotros hayamos escuchado que el castigo físico es necesario para educar a los hijos. Los menos ortodoxos creen que el castigo físico es necesario sólo en algunos momentos, pero no siempre, o que está bien pegar pero sin dejar marcas físicas en los niños. Lo cierto es que, aunque cada vez hay más padres que han optado por ofrecer a sus hijos una crianza basada en el buen trato, todavía existe una gran mayoría de personas que tienen una fe irracional, elogian y reconocen al castigo físico como método de crianza. En especial, parece que muchos concuerdan que este método es necesario cuando la conducta del niño o adolescente se ha vuelto realmente problemática y el único método “efectivo” de detenerla es pegarles.

Sé por experiencia que la mayoría de los padres o cuidadores que usan el castigo físico tienen el objetivo de enseñarles algo a sus hijos, pero ¿qué es eso que están enseñando? Es claro que de las acciones de los padres los niños aprenden, pero ¿qué aprenden del castigo físico? Hoy les voy contar lo que he podido observar en la consulta sobre lo que los niños aprenden de la correa, la cachetada, el chancletazo, el jalón de oreja, el pellizco, el puñetazo, la nalgada, el empujón, el zarandeo, el apretón…

Aprenden a obedecer por temor

El castigo físico no sólo genera dolor físico sino también dolor emocional, así como siembra el temor de los hijos a la disciplina del padre. Es así como los niños aprenden a obedecer por temor y no por respeto, por temor y no por sentido de responsabilidad, por temor y no por razón. Algunos padres se inflan de orgullo diciendo que sus hijos son obedientes porque les tienen miedo. Cuando uno de los pilares de la crianza es que el niño sienta miedo del padre, se está reduciendo significativamente la relación padre-hijo al construir un vínculo falto de confianza, respeto, afecto, comunicación y consideración. Creo que es más bonito que los hijos nos obedezcan porque nos admiran y respetan y no porque nos temen. Si preferimos que la relación con nuestros hijos esté basada en el temor, eso quiere decir que estamos muy carentes de habilidades para establecer relaciones sanas. 

Aprenden a sentirse culpables

Cuando un padre pega a su hijo suele justificar su acción haciendo ver que fue culpa del niño. Pocas veces se detiene a pensar qué ha hecho como padre o qué condiciones ha favorecido para que el niño se comporte de forma negativa, puesto que es más cómodo culpar al niño que hacer una revisión de los métodos de crianza y las conductas propias. En este contexto, el niño aprende a sentirse responsable de los problemas que ocurren en la relación con sus padres y aprende a culpabilizarse por su conducta. Una cosa es enseñar a los niños a ser responsables y conscientes de sus conductas y otra es que aprendan a sentirse culpables por las decisiones, reacciones y sentimientos que como padres asumimos ante las situaciones de crianza. Esto pudieran extrapolarlo en el futuro en sus otras relaciones.

Aprenden a creer que son malos

Al hacerles sentir culpables y merecedores de castigo físico también les enseñamos a creer que son niños malos. ¿Cómo enseñamos esto? Cuando le decimos que se portan mal, que son insoportables, que nadie los puede controlar, que se ganan que les peguen, que son un problema, que hacen que los demás pierdan la paciencia… Es decir cuando les ayudamos a construir un autoconcepto negativo de sí mismos, no les damos oportunidad para equivocarse y no les entrenamos para que aprendan a enmendar y mejorar sus conducta.

Aprenden que los golpes son una forma de resolver problemas 

Cuando nos valemos del castigo físico les estamos enseñando que la agresión es una forma de resolver problemas y que la impulsividad no merece ser educada. En este sentido, el niño aprende que cuando se encuentra ante una situación de desventaja, ante un malentendido, desacuerdo o cuando algo va en contra de sus deseos la opción más fácil es recurrir a la violencia. Después, nos ganamos la medalla de la incongruencia, cuando les castigamos por golpear a sus hermanos, amigos o compañeros de clase en los momentos que han tenido problemas con ellos. Hacemos niños emocionalmente más inteligentes cuando les enseñamos a resolver problemas sin pegar, pellizcar, morder, patear, gritar, amenazar, chantajear o manipular. Un reto que pocos queremos asumir porque tendríamos que aprender primero a dejar de emplear esas conductas.

Aprenden que el maltrato es normal e incluso válido

A pesar de que los niños sufren cuando reciben castigo físico, he podido escucharles decir que se lo merecían, que es normal que los padres peguen y que está bien que les peguen. Es decir, reproducen las justificaciones de los padres. Para aquellos que reciben castigo físico de forma intensa, su mayor deseo no es que les dejen de pegar sino que por lo menos no les peguen en la calle o delante de los demás. Esto es realmente deprimente e injusto. Nadie debería crecer con la creencia de que merece ser golpeado por la persona que lo educa o lo ama. Ningún tipo de agresión tiene justificación, en especial cuando agredir se ha tipificado como una transgresión a los derechos personales. Bajo estas condiciones se favorece que en el futuro los niños se conviertan en víctimas de maltrato o en victimarios.

Aprenden que basta tener un rol de poder para agredir

Cuando el padre se vale de su rol para usar el castigo físico, le enseña al niño que el poder da concesiones para agredir a los demás. Sólo basta tener un rol de poder para tener ventaja sobre los otros. Con ello, se enseña que los roles y el poder que éstos nos ofrecen pueden fácilmente ser corruptibles, si así nosotros los deseamos. Esta es un arma de doble filo, pues los padres no tienen para siempre el poder; los hijos crecen y a veces deben encargarse de sus padres. En este intercambio de roles, ¿cómo usarán los hijos su poder?

Aprenden a descargar sus frustraciones con los demás

He podido notar que cuando los padres recurren al castigo físico la emoción que reina es la frustración. Deciden reprender físicamente a sus hijos cuando sienten frustración por no obtener de ellos obediencia, colaboración o consideración. Entonces, el castigo físico se vuelve una técnica de descarga emocional más que de crianza. También pasa muy frecuentemente que a la frustración con el hijo se le unen otras frustraciones personales y el niño termina recibiendo una descarga de golpes y humillaciones que no necesariamente tienen que ver con su conducta. De esta forma, el niño aprende a patear a su perro, lanzar los objetos, golpear o gritar a los demás cuando se encuentra frustrado.

Aprenden a mentir

Muchos niños mienten para evitar las represalias de sus padres, volviéndose unos expertos en ocultar o distorsionar sus acciones. Aquí volvemos al primer punto, donde el castigo físico genera más temor que respeto. Pero no sólo mienten para evitar ser castigados, sino que también mienten para que el castigo sea corto y menos doloroso. Recuerdo cuando un niño me dijo que solía gritar y llorar más de la cuenta cuando su madre le pegaba para que ésta dejara de hacerlo. En este caso, la mentira se volvió en un recurso de supervivencia. Ojalá los niños no tuvieran necesidad de mentir y pudieran asumir con sinceridad y responsabilidad sus conductas, pues en vez de recibir reprimendas físicas reciben comprensión y pautas para mejorar su conducta.

Aprenden a guardar rencor y buscar vengarse

No todos los niños son iguales y asumirán con sumisión la conducta represiva de sus padres. Algunos asumen el castigo físico como una lucha de poder, lo cual los impulsa a buscar formas de venganza o de sacar de las casillas a sus castigadores. Todo esto se vuelve en una fuente de rencor y rivalidad para el niño, sentimientos contrapuestos a una verdadera relación padre-hijo.

Estos son algunos de los aprendizajes que pueden obtener los niños del castigo físico. Yo tengo mi opinión sobre el castigo físico, pero dejaré que ustedes saquen sus propias conclusiones sobre la efectividad educativa de este método de disciplina y crianza.

Comparte tu opinión en los comentarios.

Anuncios

Autor: Anaís Barrios Flores

Psicóloga y escritora. Interesada por la literatura infantil y latinoamericana; aficionada de la cocina y el cine.

8 pensamientos en “Lo que aprenden los niños del castigo físico

  1. Hasta que leí tus argumentos de lo que aprenden los niños con el castigo físico no había caído en cuenta de las implicaciones, y es muy cierto cada uno de los puntos que comentas, no dejaba de pensar en lo que criticamos tanto como mujeres y que tratamos de evitar y es la violencia doméstica o violencia contra la mujer, yo estoy en desacuerdo con todo tipo de violencia, pero nos enseñaron que el castigo físico era necesario y nos acostumbraron a que esto era algo normal. Pero ahora me pregunto, después de leer tus argumentos si como en el caso de la violencia doméstica en la que se presenta no solo violencia física sino emocional, también se le hace un daño a los niños y adolescentes con más o menos las mismas implicaciones, con esa otra violencia que no se ve, que es sumamente difícil de detectar, y es la violencia emocional, en la que se ignora, insulta, ofende, minimiza y se le enseña a obedecer “porque sí” “porque yo digo” en donde el padre o madre es la autoridad y el niño es un súbdito. Particularmente prefiero educar en la base de la confianza y el respeto, cada quien con sus responsabilidades claras y delimitadas, así como sus limitaciones, no sé que tan bien funciona, pero definitivamente comparto tu idea… Quiero pensar que mi hija me admira y me respeta al igual que a su padre, pero para ello debemos ser un ejemplo a seguir y revisarnos constantemente. Excelente artículo, saludos!

    Le gusta a 1 persona

    • Hola Judith, gracias por comentar. Toda forma de agresión o violencia, sea leve, moderada o severa, tiene implicaciones y consecuencias sobre quien la recibe. Si un padre no emplea el castigo físico pero es grosero, autoritario, despectivo, abandonador e intimidante con su hijo también lo está violentando. Estas formas de criar tienen sus efectos a corto y largo plazo. Lo bueno es que si un padre lo desea puede cambiar y aprender mejores formas de disciplinar y relacionarse con su hijo. Como bien lo dices, la confianza, los límites bien puestos y los roles definidos son formas sanas de criar.

      Me gusta

  2. Excelente artículo. A mis 55 años, debo admitir que sólo mi capacidad de resiliencia y natural inteligencia emocional, me salvaron de repetir el patrón abusivo de mis padres. Ahora, en la adultez, me ha tocado esforzarme mucho en el perdón. Sin embargo, también he aprendido, que vale la pena DESAPRENDER para tener más paz y ser más feliz.

    Le gusta a 1 persona

  3. Son buenos argumentos y es un buen trabajo su tesis. Estoy seguro que sus investigaciones están bien fundamentadas en una investigación seria y sus basamentos científicos son sustentables. Mis ideas no tienen esa sustentabilidad y estoy seguro que vamos a distanciar nos en cuanto a fondo porque el asunto es que hay una escuela sipcologica alejada de la realidad de la vida y persigue un idealismo irracional. El castigo corporal es una herramienta peligrosa y bien usada podría traer bienestar al niño sin hacerle daño hasta cierta edad. Entre 5 y 7 años luego de esa edad puede significar vergüenza y rebelión. Ahora Josh mcdowell dice lo siguiente: reglas sin relación traen rebelión. Cualquier castigo físico y corporal tienen consecuencias sino hay relación. El amor trae consigo esperanza y fe de trasformación. Personalmente considero el castigo corporal como un último recurso de corrección dependiendo de la fragilidad del niño y con moderación sin ira y amargura sino por el echo en si mismo de corregir lo conductual.

    Le gusta a 1 persona

    • Gracias Expedito por tomarte un tiempo para comentar y compartir tu opinión. Evidentemente diferimos sobre el castigo físico. A veces se interpretan algunos planteamientos de la psicología como desafados de la realidad porque se desconocen los mismos y las alternativas que proponen. No es mi intención ser malinterpretada cuando planteo una postura en contra del castigo físico. Con ello, no quiero decir que estoy en contra de la disciplina, ni que considero poco importante la corrección de la conducta inadecuada del niño. Todo lo contrario, el niño necesita figuras parentales que le brinden pautas de disciplina y le corrijan cuando sea necesario. El punto a discutir es que el castigo físico no debería ser considerado, ni siquiera, como una herramienta de último recurso, puesto que existen muchas formas de corregir y educar sin necesidad de pegar. El castigo físico no sólo es una herramienta peligrosa, sino que también es humillante y aunque sea aplicado bajo una relación afectiva padre-hijo, sin ira y amargura, puede significar vergüenza y humillación. Se sabe que hay diferentes niveles de castigo físico, que existen unos muy severos y perversos, pero todo castigo físico es una forma de agresión. Desde mi perspectiva, el castigo físico es un comodín que pueden usar los padres para no aprender nuevas formas de disciplina y puede ser una forma de justificar la falta de control emocional. No sé cómo el castigo físico podría traer bienestar al niño, pues todavía no he conocido a alguien que exprese haberse sentido bien cuando le pegaron, así haya sido un golpecito pequeño e indoloro. Tampoco he conocido a alguien que pegue irradiando amor y con plena tranquilidad, el castigo físico suele venir acompañado de una fuerte desaprobación y de la molestia del padre. Por otra parte, he podido trabajar en la consulta con niños entre 5 y 7 años, incluso de menos edad, donde el castigo físico a significado vergüenza y rebelión, y más que generar bienestar y tener un efecto correctivo a vuelto la relación padre-hijo más hostil y ha reforzado la conducta inadecuada del niño. Siempre el castigo físico será una arma de doble filo.

      Rescato de tu comentario la frase de Mcdowell, pues es muy oportuna. No se puede educar, corregir y poner reglas sin una relación afectiva; de respeto, conocimiento del otro y comprensión. En vez de pensar en el castigo físico como último recurso, pensemos en el amor como el único y mas efectivo recurso para disciplinar. Un niño que se siente amado y que posee una relación afectiva con sus padres se esfuerza por obedecerles, se esfuerza por defender ese vínculo y evitar fracturarlo. Si en algún momento como padres sentimos que hemos aplicado todas las estrategias de corrección y no han funcionado, es el momento de buscar ayuda profesional y de evaluar qué factores han condicionado la conducta negativa del niño.

      Me gusta

  4. Exelente!!! Estudio Psicología, personalmente padecí agreción por parte de mis padres, y todo lo que usted ha investigado es cierto. Quisiera preguntarle: Que le recomienda a una persona que sufrió ese tipo de abuso, y se padece de sentimientos como, Ira, Venganza, rencor, además debido al abuso considero que a la persona se le dificulta exprezar sentimientos y emociones, y todo lo que sea expreción, incluso verbal. Me pareció muy buena su intervención, ojalá nos comparta más de su conocimiento

    Le gusta a 1 persona

    • Gracias Amilcar, me alegra que te haya gustado este artículo. Una persona que ha sufrido de abuso y que sufre emocionalmente por ello, requiere de ayuda. Es normal que la persona sufra de ira, venganza y rencor y que tenga dificultades para relacionarse, estas son reacciones naturales ante la experiencia vivida. Lo que no está bien es que la persona crea que deba vivir así y que no tiene posibilidades de sanarse y rehacer su vida. Mi experiencia y los registros indican que es muy difícil elaborar solo una experiencia traumática de violencia, la mayoría de la veces requerimos de ayuda especializada para ordenar y comprender lo que sentimos, aprender a recordar sin sentir tanto dolor, darle un significado a lo que vivimos y empoderarnos para encargarnos de nosotros mismos y de nuestro bienestar. Lo mejor es buscar a un psicólogo o terapeuta con experiencia en el abordaje de trauma psicológico y violencia.

      Te invito a suscribirte al blog, así podrás enterarte de mis próximos artículos.

      Me gusta

Deja tu comentario aquí

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s