Psic. Anaís Barrios

El juego como terapia

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Niña con peluche

Jugar es una de las actividades fundamentales en el desarrollo de los niños. El niño es niño porque juega. Su naturaleza lúdica es inherente a su interés por crecer y desarrollarse, y la emplea para la autoexpresión, la descarga, la exploración y el aprendizaje. 

Mediante la actividad lúdica el infante construye, destruye y reconstruye su realidad; elabora conceptos y significados; socializa, desarrolla habilidades y aprende a descubrir sus limitaciones; inventa y se ajusta a reglas. Jugando se integra a la cultura donde crece y configura su identidad y personalidad.

El juego le permite al niño elaborar lo que vive, bien sea recreando o representando situaciones placenteras o desagradables, llevando a la acción por medio de su fantasía e imaginación lo que siente, le preocupa, alegra, incomoda, perturba, anhela y necesita. Es la manera más natural y espontánea que el niño emplea para relacionarse y comunicarse; es su lenguaje más efectivo.

Un adulto puede conocer a un niño o niña si lo observa jugar, y puede acercarse y comunicarse de manera más efectiva si se involucra en sus juegos o lo invita a jugar, en vez de intentar emplear sólo conversaciones sin ninguna acción que los integre y ponga en contacto. A veces los padres creen que al niño le gusta venir a la consulta psicológica por la cantidad de juguetes que tengo en mi espacio de trabajo, pero en realidad lo fascinante para el niño es encontrarse con un adulto que se atreve a involucrarse de forma activa e imaginativa en su juego. Al niño le gusta venir a consulta por la relación de confianza y cercanía que construimos a través del juego.

Para el niño jugar es algo serio, importante. La mayoría de los adultos no entienden esto, y suelen subestimar, transgredir e irrespetar los momentos de juego del niño, bien sea porque le dicen cómo debe hacerlo, cómo debe tratar los juguetes, o porque se involucra sin su consentimiento, se burla de su fantasía o lo saca del momento de juego sin previo aviso.

Por todo lo expuesto, el juego es empleado por terapeutas como un modo de terapia, en donde se dispone un espacio para que el niño, a través de sus juegos, libere y descargue lo que le afecta, se conozca a sí mismo y aprenda a afrontar y resolver conflictos. Incluso dentro de mis recomendaciones terapéuticas sugiero a los padres que comiencen a jugar más con sus hijos, a fin de estimular los vínculos afectivos y la comunicación. Cuando esto ocurre los niños dan un giro conductual, se vuelven más colaboradores, respetuosos, afectuosos, motivados y alegres, puesto que se sienten considerados y valorados.

Jugar implica una participación activa en el mundo que facilita saborear la vida, conocerla. Cuando jugamos hacemos uso de nuestra capacidad creativa por medio de la cual experimentamos libertad y podemos transformar las reglas injustas, los convencionalismos, el dolor, el miedo y la rabia en otras posibilidades. Cuando jugamos nos reinventamos y reconciliamos con nosotros mismos. De este modo el juego representa una herramienta liberadora de autocuración y autoconocimiento.

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Autor: Anaís Barrios Flores

Psicóloga y escritora. Interesada por la literatura infantil y latinoamericana; aficionada de la cocina y el cine.

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