Psic. Anaís Barrios

El reto de criar y trabajar -parte 1-

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Con este artículo no sólo le quito las telarañas al blog (lo tenía un poco abandonado), sino que también cumplo con la petición que me hizo unos meses atrás Crianza Querétaro al sugerirme que escribiese algo sobre la crianza cuando los padres trabajan fuera de casa. Cumplo con gusto esta tarea por ser la primera petición de un seguidor y por ser un tema acorde a las demandas actuales de la familia. También aprovecho para invitarlos a leer el blog Crianza Querétaro que contiene información muy práctica y valiosa para los padres, todo explicado de forma muy amena.

business mother

Dentro de la dinámica de vida actual para nadie es extraño el hecho de que ambos padres deban trabajar para sostener el hogar. Incluso el reto mayor está en equilibrar el anhelo por el merecido desarrollo profesional o la estabilidad económica y la crianza de los hijos.

Casi todos los padres crean, alimentan y guardan un conjunto de expectativas y metas que desean ver consolidadas en la adultez de sus hijos. Pero una cosa es lo que deseamos y otra lo que alcanzamos, más cuando se trata de uno de los proyectos más importante que solemos emprender: la familia.

A muchos padres les resulta difícil alcanzar el ideal equilibrio familia-trabajo y terminan perdidos dentro de las múltiples demandas y responsabilidades que deben atender, lo cual se ve negativamente reflejado en la conducta, los logros y la forma de relacionarse de sus hijos. En este artículo encontrarán las primeras cinco pautas o consideraciones generales para asumir el gigante reto de criar y trabajar. Lo he desarrollado integrando lo que he podido ver en la atención a niños y padres acerca de esta materia. Sin más, aquí les dejo estas primeras consideraciones que sólo pretenden hacernos reflexionar sobre los roles que nos corresponden asumir y la importancia de encargarnos de nuestros hijos y de nosotros mismos.

Tener claro los objetivos de la crianza

Las buenas intenciones no son suficientes; es importante establecer metas reales de crianza ajustadas a cada periodo evolutivo de nuestro hijo. Cuando digo metas reales, me refiero a metas construidas en base a los recursos que tenemos, así como a las necesidades, los intereses y los rasgos de personalidad de nuestro hijo. Una vez sepamos cómo deseamos criar y qué deseamos obtener de ello, debemos emprender acciones coherentes, siendo siempre modelos a seguir. No vale desear un hijo respetuoso y obediente cuando nosotros somos groseros y cometemos faltas a las reglas. No vale enseñar habilidades sociales para que nuestro hijo sea súper sociable, sin considerar su personalidad introvertida. Otro aspecto importante, es el entrenamiento, la guía y la compañía que debemos ofrecer. No demos nada por sentado. Debemos estar allí brindando pautas con amor, acompañando. Igualmente, debemos estar dispuestos a informarnos, actualizarnos y buscar la ayuda cuando sea necesario.

Conocer las necesidades del hijo según su edad

Cada edad tiene sus propias características y necesidades. Un niño pequeño necesita más de nuestra supervisión y cercanía que un adolescente. Cuando no tenemos claras estas necesidades evolutivas podemos ser negligentes o demasiado exigentes, esperando cosas de nuestros hijos que no están preparados para cumplir por factores de madurez. Entonces a veces creemos que nuestro hijo puede esperar a que nosotros tengamos tiempo para compartir; y, cuando estamos dispuestos a ello, ya no lo necesita, bien sea porque ha aprendido a vivir sin ello o porque ha llenado esa necesidad con otra persona. Las necesidades caducan y surgen otras ajustadas al desarrollo del hijo. Esforcémonos por no llegar demasiado tarde a satisfacerlas, lo que sumará en el fortalecimiento de su integridad personal. Evitemos que nuestro hijo crezca con la sensación de que en el momento donde más nos necesitó nosotros estuvimos sumergidos en el trabajo.

Conocer las necesidades propias 

Así como es importante conocer las necesidades del hijo, es importante conocer las nuestras para colocar todo en una balanza. El padre tiene derecho a desarrollarse como profesional, a tener vida social y espacios de recreación, pero el hijo tiene derecho a recibir el cuidado y la atención del padre. Encargarnos de nuestro hijo no significa decirle adiós a nuestras necesidades. Lo que sí implica es saber determinar cuál es momento para satisfacerlas, en qué aspectos coinciden nuestras necesidades con las de nuestro hijo y cuándo debemos postergar o renunciar; postergar es esperar el momento a que pueda ser satisfecha, renunciar es aceptar que no podremos satisfacerla. Si en algún momento nos toca renunciar a una necesidad, hagámoslo bajo el reconocimiento de que fue decisión nuestra ser padres, con el orgullo de estar asumiendo con compromiso esa responsabilidad y con la confianza de que la renuncia no será infértil, pues seguro desprenderemos de ella deliciosos frutos. Por otra parte, las necesidades satisfechas se traducen en bienestar, si logramos equilibrar nuestras necesidades con la de los hijos, seremos ejemplo para que ellos aprendan a gestionar su vida. Si nos toca renunciar responsablemente, seremos ejemplo de compromiso y de amor. Los hijos tarde o temprano agradecen nuestros esfuerzos.

Organización del tiempo, priorizar

Habiendo definido nuestros objetivos de crianza e identificado las necesidades de nuestro hijo y las propias es crucial organizar nuestro tiempo de acuerdo a las rutinas de cada uno. La falta de organización es un error frecuente en muchos padres activamente trabajadores, lo cual no les permite optimizar el tiempo y hacer una distribución adecuada de los quehaceres y las responsabilidades. Esto hace que los padres lleven trabajo a casa, pierdan las reuniones o eventos de la escuela de sus hijos, vivan constantemente estresados y desaprovechen oportunidades cotidianas para el compartir familiar. Es importante establecer una lista de prioridades donde definamos qué es lo primordial en la crianza del hijo, qué es lo primordial en la consolidación de la familia y qué es lo primordial en el trabajo. Cuando tenemos claras las prioridades es más fácil gestionar el tiempo y cumplir satisfactoriamente con nuestros roles. Cuando no tenemos prioridades nos distraemos, perdemos o dejamos llevar por otras cosas que parecen importantes, pero en esencia no aportan nada para el presente o futuro de nuestros hijos y nuestro trabajo. Así tenemos padres que consideran necesario trabajar más para pagar las consultas psicológicas de sus hijos, cuando en realidad si comenzaran a emprender algunas acciones de crianza no necesitarían trabajar tanto ni depender por mucho tiempo de la atención psicológica.

Equidad en la distribución de quehaceres y responsabilidades

El equilibrio entre crianza y trabajo se consigue también desde un clima familiar de equidad, donde ambos padres trabajan y aportan económicamente tanto como se involucran y cuidan a los hijos. La demanda actual exige la participación de ambas figuras en la vida del niño, donde tanto madre como padre asumen responsabilidades por igual, sin diferenciar por género lo que debe hacer uno y lo que debe hacer el otro. Ambos padres están obligados a aprender a criar y a estar comprometidos con el sano desarrollo de los hijos. No es justo que uno tenga más demandas de crianza que otro, a pesar de que ambos tienen parecidas responsabilidades laborales. Cuando no hay equidad, la crianza se vuelve una cuesta arriba y uno de los padres se ve obligado a elegir entre desarrollo profesional e hijos. Si eres madre o padre soltero quizás este punto no aplique a ti, pero los anteriores y los que siguen sí.

Si le has sacado provecho a esta primera parte, no dejes de leer la siguiente parte, que ya salió publicada.

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Autor: Anaís Barrios Flores

Psicóloga y escritora. Interesada por la literatura infantil y latinoamericana; aficionada de la cocina y el cine.

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