Psic. Anaís Barrios


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5 principios para enseñar a los niños a proteger su cuerpo


4. Colorful Hans-up

Entre las diferentes medidas que podemos adoptar dentro de la familia para prevenir el abuso infantil está el enseñar a los niños el valor de su cuerpo. El significado que el niño desarrolla sobre su propio cuerpo depende en gran medida de lo que nosotros le enseñemos sobre el mismo.

No se protege lo que no se valora. Si le enseñamos al niño que su cuerpo no es importante, el niño aprenderá que otros pueden decidir y actuar sobre su cuerpo; favoreciendo que sea más vulnerable al momento de reconocer y afrontar una situación de riesgo.

La vida cotidiana se puede volver el escenario idóneo para enseñar a los niños a dignificar, significar y trazar los límites de su cuerpo. Aquí comparto algunos principios para enseñar a los chicos el valor y la protección de sus cuerpos. Éstos los he construido en base a mi experiencia en la atención a niños, niñas y adolescentes.

1.- Reconocer las partes y el funcionamiento del cuerpo

La educación sexual empieza por el reconocimiento del cuerpo, de sus formas, sus partes y sus funciones. Desde temprana edad el niño comienza a conocer su cuerpo y el de los otros, compara y hace preguntas. Aquí es importante hablar con naturalidad, enseñando el nombre correcto de las partes del cuerpo. Así como le decimos al niño “este es tu brazo”, debemos decir “este es tu pene” o “esta es tu vagina”. Igualmente, le debemos permitir al niño expresar su curiosidad sobre el cuerpo y la sexualidad, adecuando la información que le proporcionemos a sus inquietudes, capacidad de comprensión y edad. En general, el niño merece saber que su cuerpo es fabuloso, pues a través de él se experimenta a sí mismo y al mundo. El cuerpo es el contenedor de la vida, allí reside su valor.

2.- Independencia en la higiene y el autocuidado

Si el cuerpo es vida, debe ser cuidado. El bañarse, limpiarse cuando se va al baño, cepillarse los dientes, alimentarse, protegerse del frío o de los rayos del sol son maneras de cuidar el cuerpo. Un error frecuente que comenten los padres es no permitirle a los niños cuidarse por sí mismos, haciéndolos dependientes del cuidado de los adultos. En la medida que el niño crece va desarrollando habilidades que le permiten valerse por sí mismo. Nuestra labor es permitirle desplegar sus habilidades y entrenarlos en el uso de las mismas. Un niño debe aprender progresivamente a bañarse, vestirse y limpiarse. Esto evita que personas conocidas o desconocidas tengan acceso a su cuerpo. Mientras más independiente es el niño en el cuidado de su cuerpo más protegido estará de contactos abusivos.

3.- Crear conciencia de lo íntimo y lo privado

El cuerpo está involucrado en acciones que pueden ser públicas o privadas. Enseñarle al niño sobre la privacidad del cuerpo le ayuda a desarrollar un sentido de intimidad y respeto por sí mismo. El niño debe saber que hay acciones que pertenecen al mundo de lo privado, que son individuales y que pueden participar otros sólo si tienen nuestro consentimiento. Y así como hay acciones privadas (cambiarse de ropa) hay espacios privados (el baño) donde las podemos emprender. Del mismo modo, debemos enseñar a los niños que las personas debemos respetar entre sí nuestras acciones privadas y nuestros espacios privados. Muchos niños reciben mensajes confusos sobre este tema. Puesto que por ser niños, los adultos suelen saltarse esto de la privacidad y son capaces de abrir la puerta del cuarto mientras el niño se cambia, entrar al baño sin avisar mientras el niño se baña o suelen cambiar de ropa al niño frente a otras personas. Lo privado es válido tanto para adultos como para niños. El niño debe saber que los demás deben respetar sus espacios y acciones íntimas.

4.- Saber identificar sensaciones agradables y desagradables

El cuerpo nos dota de sensaciones agradables y desagradables. El sabor de un helado o el dolor de un rasguño son sensaciones que experimentamos a través del cuerpo. Estas sensaciones son señales que nos permiten determinar qué nos gusta o nos disgusta, qué nos resulta cómodo e incómodo. La vida cotidiana está llena de oportunidades para enseñar a los niños a identificar lo que es agradable o desagradable para ellos: un abrazo fuerte, las cosquillas, un beso ruidoso, la lamida de un perro, el contacto con el sudor de otro… Al hablar con ellos sobre sus sensaciones y ayudarles a reconocer qué los hace sentir agradados, respetando sus opiniones y demandas, les estamos brindando herramientas para detectar acciones abusivas por parte de otras personas. El niño debe saber que nadie puede obligarlo a experimentar sensaciones desagradables o incómodas.

5.- Derecho a decir NO

El niño debe saber que tiene derecho a decir “no”, en cualquier momento y a cualquier persona. Puede decir “NO” si alguien desea abrazarle, besarle, tocarle o mirarle. El asunto no es enseñar a los niños a ser maleducados, como suelen pensar algunas personas. Es enseñarles a defender su cuerpo y a decidir quién puede tener acceso al mismo. El alentar a los niños a decir “no” es una forma de empoderarlos, de enseñarles que su cuerpo les pertenece y que pueden exigir respeto de los otros. Es frecuente ver cómo muchos padres obligan a los niños a dar besos y abrazos a familiares o desconocidos. Si el niño no quiere o en ese momento no le apetece no podemos obligarlo. Si lo obligamos le enseñamos que está bien acceder a los deseos del otro aunque eso nos cause malestar o incomodidad; le enseñamos que lo importante no es lo que nosotros sentimos sino lo que sienten o piensan los demás. Podemos pedir a los niños ser respetuosos con las personas, pero no podemos pedirles que den demostraciones de cariño si no lo desean. El niño también debe saber que puede pedir ayuda si una persona insiste en que dé o reciba besos, abrazos o caricias a pesar de haber dicho que no quería. Si el niño siente que puede decir “no” a cualquier persona y en cualquier momento no temerá hacerlo en una situación potencialmente abusiva (Aquí les recomiendo un libro que les puede ayudar a hablar de este tema).

No se puede garantizar que un niño esté libre de recibir algún tipo de abuso, pero sí podemos empoderarlo para que sepa distinguir una situación riesgosa y sepa pedir ayuda. La clave de toda prevención es crear un ambiente de confianza y comunicación que invite al niño expresar sus dudas, inquietudes y experiencias. Parte de esta prevención es que el niño aprenda a querer, cuidar y defender su cuerpo porque es suyo y de nadie más.

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¡No me toques!


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Como sabemos los libros no sólo son divertidos; también pueden ser didácticos y oportunos. Este libro en particular, aborda un tema muy importante que debe estar presente en toda crianza responsable: el respeto hacia el cuerpo. La versión traducida que poseo tiene como titulo ¡No me toques!, fue escrito por Thierry Lenain e ilustrado por Stéphane Poulin.

La manera en que se presenta la historia permite a los lectores conectarse con las emociones de la protagonista, quien narra la forma en que experimenta los besos pegajosos de su tía Ramona. La historia viene acompañada de potentes imágenes que condensan simbólicamente lo desagradable y terrorífico que puede resultar para un niño el tener cerca un adulto invasivo y abusivo. En esta historia la protagonista asume con valor la defensa de su cuerpo, atravesando una situación tensa que le permitirá reconciliarse consigo misma desde la premisa de “mi cuerpo es mi cuerpo”.

El libro está muy bien para leerlo con niños grandes. Lo recomiendo para niños mayores de 7 años, puesto que algunas imágenes poseen una fuerte carga simbólica, que puede generar algo de miedo en niños pequeños, o distraerlos del mensaje real del libro. Como mencioné las imágenes son potentes y podemos experimentar suspenso, repudio, indignación, valentía o reconciliación. Igualmente, a través de la lectura de este cuento podemos discutir con los niños temas como el chantaje, la presión familiar, el respeto, el autocuidado y los derechos personales. Temas cruciales para empoderar a los niños en materia de prevención del abuso sexual.

Y ustedes, ¿conocen algún otro libro, película, caricatura o juego para hablar con los niños sobre su cuerpo y su sexualidad? Cuando fue su turno de hablar de este tema, ¿qué estrategia siguieron? Espero sus comentarios.


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La separación eterna de los padres


Padres discutiendo

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La familia es el primer escenario donde el niño aprende mecanismos particulares de interacción y comunicación que influirán significativamente en su desarrollo emocional y en su capacidad para establecer relaciones sanas. La calidad de las interacciones en una familia dependerá de los sentimientos y valores de sus miembros, así como de la habilidad de éstos para trasmitirlos. Hay familias que construyen mecanismos funcionales de interacción y resolución de problemas, mientras que otras hacen de las interacciones un caos afectivo y relacional.

En este artículo me detendré a hablar sobre aquellas familias regidas por una dinámica de relación de pareja altamente conflictiva, caracterizada por interacciones cíclicas de naturaleza dañina, que colocan en riesgo la salud mental de todos sus miembros. En algunas de estas parejas, cuando se plantea o se piensa por primera vez en el divorcio, a lo que en realidad se le da inicio es a un proceso de separación eterna, que nunca se consuma o que fluctúa constantemente. De este modo, los padres pelean con frecuencia, se reconcilian, se amenazan, se separan, se vuelven a unir, establecen acuerdos que no cumplen y aun así siguen juntos a pesar de los daños, la ausencia de compromiso y afecto, los resentimientos, la agresión mutua; a costa de la propia felicidad y la de los hijos. Bajo esta dinámica se pierde el sentido real de las relaciones, el sentido de familia y la responsabilidad hacia el hijo.

¿Por qué una pareja perdura sobreviviendo en el conflicto? La mayoría de las veces las partes involucradas obtienen un beneficio o esperan obtenerlo. Y esto va desde conseguir un carro o un apartamento (o evitar tomar la decisión de cómo distribuir esos bienes obtenidos en matrimonio) hasta evitar el qué dirán. Igual, se puede observar cómo la raíz del conflicto subyace en ganar victorias personales, fundamentadas en sentimientos egoístas, como el no reconocer los propios errores o defectos, evitar afrontar el fracaso del ideal de pareja, vengar los daños infligidos por el otro, evitar la libertad o felicidad del otro, evitar generar esfuerzos personales para independizarse y responsabilizarse por sí mismo…

Bajo estas condiciones, las parejas (los padres, es necesario recordar que también tienen ese rol) se concentran en sí mismas, dejando a un lado a los hijos, que fungen como espectadores, receptores y reproductores de las consecuencias.

¿Qué siente y aprende el hijo? Siente miedo, angustia, abandono, injusticia, carencia de respeto y afecto; aprende que las relaciones pueden ser corruptas, que la tranquilidad y felicidad no son prioridad, que el amor es inalcanzable y que la vida es una defensa constante contra el otro.

Esta problemática es una apuesta muy alta para lo poco que se recibirá. Se arriesga la salud de los miembros de la familia y se distorsiona la vida emocional de los niños al ofrecerles modelos insanos de relaciones y de resolución de conflictos.

Entonces parece justo reconocer que postergar una relación de pareja conflictiva trae más perjuicios que beneficios. Muchos de éstos son irreversibles y pasan por encima de los derechos y necesidades de los hijos. Uno de estos derechos es el de tener una familia estable, bien se sea unida o separada.

Si es ésta tu situación, busca ayuda psicológica profesional, date permiso de curar las heridas y redignificar tu vida y la de tus hijos. Es importante y fundamental apostar por el amor y la felicidad, no por la destrucción y el dolor.

Esfuerzo… el amor es esfuerzo consciente y constante por nosotros mismos y los nuestros.