Psic. Anaís Barrios

7 Razones para eliminar el castigo físico como método de crianza

5 comentarios


 

Girl B&P

Aunque en las últimas décadas la educación y la crianza se han visto influidas por los avances en materia de derechos y protección a niños, niñas y adolescentes todavía es común escuchar a adultos que consideran el castigo físico como un método infalible y necesario para criar y lograr obediencia en los niños. En nuestra cultura sobrevive una apología al castigo físico sustentada en un conjunto de ideas y creencias bastante débiles y rebatibles, las cuales parece fueron aprendidas como verdades absolutas. Hagamos una revisión de algunas de estas creencias y veamos si realmente el castigo físico es útil a la sociedad.

1.”Tengo derecho a pegarle a mi hijo”

Eso no está registrado ni estipulado en ninguna ley, mientras que sí está establecido legalmente que los niños y adolescentes tienen derecho al buen trato y a una crianza libre de violencia. De modo que los padres, representantes, cuidadores y docentes tienen la obligación de aplicar métodos de disciplina y crianza no humillantes, ni coercitivos o violentos. Una cosa es el derecho a ejercer el rol de padres y otra es usar ese rol como medio para violentar. Los niños tienen derechos y esos derechos son irrenunciables e indivisibles.

2.“Yo no voy dejar que mi hijo haga lo que le dé la gana”

Según esta idea los niños no pueden hacer lo que les dé la gana pero los adultos sí pueden hacerlo. ¿No se puede permitir a un niño que incumpla las reglas pero un adulto sí puede incumplirlas? Cuando un adulto usa el castigo físico está incumpliendo reglas, leyes. El castigo físico es violencia y la violencia es un delito, puesto que vulnera la integridad física y emocional de la persona. Una nalgada, un empujón, un jalón de oreja o cabello, un zarandeo o la amenaza de propinarlos comprenden formas de violencia. Ante todo debemos ser cuidadores congruentes y modelos a seguir. Por ello, existen múltiples y efectivos métodos para hacer de nuestros hijos niños respetuosos, disciplinados  e integrados socialmente. Estos métodos no son un delito, son estrategias educativas que sólo requieren que estemos dispuestos a aprenderlas y aplicarlas.

3.“Gracias a que mis padres me pegaron soy una persona de bien”

La mayoría de los que dicen esto creen que son “personas de bien” porque les pegan a sus hijos. El punto anterior derrumba esto. Por otra parte, estadísticamente no existe correlación entre castigo físico y habilidades para la vida. Es decir, no se ha demostrado que pegarle a un niño garantice que cuando se vuelva adulto sea una buena persona, disciplinada y respetuosa. Por el contrario, sí existen registros de personas que recibieron castigo físico severo durante su infancia y desarrollaron rasgos sociopáticos o psicopáticos. Sea leve, moderado o severo el castigo físico no es garantía de que el niño desarrolle habilidades que le permitan una vida satisfactoria en su adultez, así como tampoco la ausencia del mismo. Todo esto va a depender del entorno donde el niño crezca y del sistema de límites, normas, valores y habilidades emocionales que los padres y familiares le proporcionen. Somos reduccionistas al creer que nos volvimos personas de bien porque nos pegaron durante la infancia. Seguro que eso no fue lo único que recibimos y seguro que muchas decisiones propias de nuestra individualidad han hecho de nosotros mejores personas. Seguro en su momento deseamos con mucha fuerza que nuestros padres no nos pegaran y quizás nos prometimos no hacer eso con nuestros hijos.

4.“Le pego a mi hijo para que aprenda”

 El castigo físico es un recurso contra educativo, pues enseña a los niños que la violencia es una forma de resolver problemas y que ante una situación de desventaja es la vía para conseguir lo que queremos. El castigo físico enseña que el poder, ése que otorgan los roles, es un instrumento para transgredir y pasar por encima de los otros. Es aprender a exigir respeto irrespetando, es aprender a pedir consideración siendo desconsiderado, es aprender a exigir obediencia siendo desobediente con la ley, es aprender que la fuerza sirve para controlar y humillar. Aunque al final nuestros hijos pueden elegir qué conservan de lo que aprendieron de nosotros, creo que lo mejor es esforzarnos para que aprendan formas más sanas y efectivas de resolver y afrontar problemas, así como a practicar el ejercicio adecuado de los roles y no el uso arbitrario de los mismos.

5.“Le pego para que sepa que yo tengo el control”

En realidad la violencia es el indicador más alto de pérdida de control. Cuando comenzamos a gritar, amenazar y pegar estamos demostrando que perdimos el control, que estamos perdiendo los argumentos y que somos incapaces de afrontar la situación. Al optar por el castigo físico nos estamos yendo por la vía fácil, por unos resultados efímeros que poco aportan a nuestro crecimiento personal y al desarrollo de nuestros hijos. De esta manera, perdemos la oportunidad de desarrollar nuestra inteligencia al dejar de activar o estimular recursos cognitivos y emocionales que nos permitan resolver y afrontar problemas adecuadamente. Aunque parezca difícil y tedioso emprender un proceso para aprender nuevas habilidades de comunicación, manejo emocional, colocación de límites y resolución de problemas, les aseguro que termina siendo una experiencia enriquecedora y gratificante capaz de fortalecer los vínculos relacionales.

6.“Lo dices porque no es tu hijo, si conocieras al mío sabrías por qué le pego”

Esto lo dicen aquellos que necesitan justificar sus acciones. Es como si tratasen de decir “no soy yo es él”. Esta creencia responsabiliza al niño sobre las acciones de sus padres, lo hace el culpable. Es colocar sobre el niño toda la carga sobre las fallas que seguramente hay dentro del sistema de crianza. Un niño que constantemente actúa erráticamente, cuyo comportamiento es problemático, es un niño sin contención familiar, sin unos padres que le guíen. Un niño puede hacer cosas que nos molesten y frustren, pero somos nosotros los que decidimos qué hacemos con esas emociones, somos nosotros quienes elegimos si las convertimos en violencia.  La violencia no tiene justificación, sea cual sea el carácter o el comportamiento del niño, éste no merece ser tratado con violencia y así lo dictaminan sus derechos.

7.“Unos buenos correazos de vez en cuando no le hacen daño a nadie”

Si con lo dicho arriba aún no te convences sobre lo dañino que es el castigo físico vamos a replantearlo. Desde mi experiencia personal y profesional sé que los niños sufren mucho cuando sus padres les pegan, la mayoría de las veces es más fuerte el dolor emocional que el físico. Los ojos llenos de ira y desaprobación es algo que los niños no olvidan sobre el trato que le dieron sus padres. Las palabras y las acciones violentas quedan en su memoria como señales de que han sido incomprendidos, juzgados, rechazados y no aceptados. Pero no sólo el niño sufre, realmente los padres no disfrutan cuando le pegan a sus hijos. He visto a muchos padres confesar y recordar con dolor, culpa y remordimiento las veces que le han pegado a sus hijos, muchos refieren no sentirse a gusto con sus acciones. A veces los padres ocultan estas emociones y acto seguido van a curar las heridas, rasguños y moretones que han propinado a sus hijos. ¿Realmente es necesario pasar por todo esto? Me parece muy doloroso e insano. ¿Consideran que es un mal necesario? El castigo físico es un mal evitable y prevenible, puesto que puede ser sustituido por formas sanas y nutritivas de crianza. Por otro lado, si alguien disfruta pegarle a su hijo, si eso le genera placer y satisfacción es recomendable que asista a un especialista.

Estas son algunas de las creencias bajo las que se escudan muchos adultos que usan el castigo físico. Existen muchas más creencias y justificaciones a favor del mismo, pero son más los argumentos que las rebaten que aquellos que las refuerzan. Como pudimos ver en esta primera de muchas revisiones que haré del tema, el castigo físico es un método dañino e inefectivo. Entonces, atrevámonos a prescindir de él y permitamos que los niños crezcan sin miedo y con la confianza de que existen variadas y saludables formas para relacionarse y colaborarse los unos a los otros.

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¿Estás de acuerdo o en desacuerdo con estás razones? ¿Conoces otras creencias que apoyan el castigo físico? Comparte tus comentarios.

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Autor: Anaís Barrios Flores

Psicóloga y escritora. Interesada por la literatura infantil y latinoamericana; aficionada de la cocina y el cine.

5 pensamientos en “7 Razones para eliminar el castigo físico como método de crianza

  1. Me gusta de lo que hablas, justamente hace unos días hablaba con una chama que había publicado (donde según ella, se lo merecía) un video donde una madre le pega a su hija mientras la filma, más el video donde la chama (como de 13 años) baila como si fuera una prostituta…
    En mi opinión y otro punto que no tocas (o tal vez no entendí) es enseñarle a los hijos la razón del por que NO hacer las cosas o hacerlas debidamente, lo cual no tiene nada que ver con implantarle miedos a una correa… Entonces, la chama aprende a temerle a una correa, no a las consecuencias que acarrea ese tipo de vídeos.

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    • Gracias Mariana por hacer tu comentario. Parte de la inspiración de este artículo son esos vídeos como el que mencionas que la gente suele publicar para justificar el castigo físico e incluso burlarse de las víctimas. Es muy válida tu apreciación sobre la importancia de explicarle a los hijos la razón y función de las normas y reglas que les colocamos, es el primer paso para tener éxito con la disciplina. En el caso que mencionas, a veces sucede que la adolescente deja de tenerle miedo a la correa y comienza a desplegar toda la impotencia y el resentimiento que llevaba guardo tras los maltratos recibidos. El castigo físico es una arma de doble filo.

      Este post es el comienzo de varios que estaré escribiendo sobre el tema, aquí no me detuve a ofrecer estrategias de cómo los padres pueden colocar límites y educar a sus hijos sin tener que recurrir al castigo físico, por eso te invito a estar pendiente de los próximos escritos y seguir compartiendo tus comentarios.

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  2. Yo creo que precisamente quienes hemos recibido (sido victimas de) castigos físicos y emocionales, tenemos mas claro que nadie, que no sirven…solo basta recordar lo que sentimos, el dolor, la humillación y cuanto respeto y amor se perdió en el camino, cuan pequeños vimos a nuestros agresores, cuan confundidos y no amados nos sentimos.
    Incluso cuestionando nuestra valía y razon de existir!
    No puedo entender como alguien que sintió ese dolor, esa minusvalía, puede querer repetir ese patron con sus hijitos.

    Le gusta a 1 persona

    • Saludos Scvv, es difícil comprender por qué algunas personas siguen los patrones de crianza violentos que aprendieron de sus padres. Esa postergación dentro de las familias de formas violentas de relacionarse viene dada por múltiples factores individuales y sociales. Desde el punto de vista del trauma psicológico que genera la violencia (castigo físico y humillante) dentro de las familias, Bentovim afirma que el trauma se instala en las dinámicas familiares siendo capaz de crear significados e historias que se reeditan en el tiempo. Así vemos cómo una persona que sufrió de abusos físicos ha quedado encerrada en el trauma de lo vivido y repite acciones donde termina siendo el agresor. La mayoría de las veces es la víctima la que tras un proceso arduo de empoderamiento y una travesía emocional y familiar decide romper con esos patrones viciosos.

      Gracias por comentar y compartir.

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  3. Pingback: 10 claves para el éxito terapéutico con niños y adolescentes | Psic. Víctor Mosqueda

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