Psic. Anaís Barrios

Los niños tienen sus propios problemas

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Autor: Emilio Orantes

A veces podemos creer que la infancia es un periodo idílico de la vida donde no existen problemas “reales”. Una etapa llena de juegos y fantasías capaces de abstraer al niño de los problemas del mundo adulto. En realidad, lo que he aprendido en mis años de atención psicológica infantojuvenil es que ser niño no es fácil.

Un ejemplo de ello podría ser un comentario que me hizo una niña de 6 años durante la consulta. Apenas entrar al consultorio me dijo que había tenido un mal día en la escuela, que un niño no paró de burlarse de ella todo el día y que cuando llegó a casa sus padres estaban peleando y tuvo que pedirles que dejaran de hacerlo. Al final de su desahogo, como para que no me quedaran dudas de lo que para ella significaba todo esto, me dijo: “Yo también tengo mis problemas”.

Realmente es así. Los niños también tienen sus problemas. Ellos deben enfrentarse constantemente a un cúmulo de demandas que apenas tienen posibilidades de atender y satisfacer, dadas sus condiciones de madurez emocional y cognitiva. Diariamente están expuestos a presiones familiares, escolares y sociales. Con frecuencia, los niños deben enfrentarse a entornos mucho más hostiles que los nuestros, puesto que ellos deben movilizarse en un mundo donde las amistades y las alianzas se alternan, donde se privilegia la competitividad y el éxito, donde se le exige tener una identidad y una forma de ser propia, donde se le amenaza, rechaza o excluye y donde la aceptación y la aprobación de los otros es muy importante. Si a todo esto le agregamos las demandas académicas y los conflictos familiares estaríamos hablando de una carga muy pesada para un cuerpo y una mente que aún no se han desarrollado por completo.

Cuando les decimos a los niños que sus problemas son tonterías los estamos subestimando. Cuando les decimos que ignoren lo que pasa porque seguro pronto todo será mejor les estamos dando un falso apoyo. Cuando le decimos que aprenda a defenderse y no se deje humillar los estamos invitando a la violencia. La mayoría de las veces les decimos qué hacer pero no cómo hacerlo y esto les llena de más angustia e impotencia. En el peor de los casos, a veces ni siquiera nos detenemos a escucharles y preguntarles cómo estuvo su día de escuela, su práctica de fútbol o la pijamada.

En la medida que no le permitamos a los niños comunicar lo que sienten y les preocupa, estarán más propensos a expresar su malestar por medio de su conducta. Entonces los veremos más rebeldes o irritables, descuidados con sus hábitos y responsabilidades, dependientes y llorosos, inquietos y distraídos, o apáticos y aislados. En este punto la conducta del niño pasa a ser un problema para los adultos y allí si nos preocupamos. Estas conductas son posibles evitarlas si brindamos un espacio empático de comunicación y acompañamiento, y en las situaciones más difíciles si buscamos la asesoría o la ayuda de otros.

Aunque nos parezcan fútiles los problemas cotidianos de los niños, el hecho de que esos problemas sean importantes para ellos y les generen un malestar ya debe ser significativo para nosotros como padres, familiares, docentes o psicólogos. La comprensión, el apoyo y las herramientas que les podamos ofrecer para afrontar las presiones ambientales son esenciales para favorecer la maduración de los chicos y facilitar que su tránsito hacia la adultez sea lo menos intrincado y doloroso posible.

Comparto esta frase de la escritora Elizabeth Shön que me gusta mucho y que nos invita a reflexionar sobre las condiciones que debemos brindar a los niños:

“Yo diría que los niños necesitamos, como los barcos, de un muelle muy amplio y de unas aguas muy quietas y transparentes”

No podremos evitar en todo momento que los niños enfrenten situaciones de estrés familiar, escolar o social, pero sí podemos esforzarnos para que se sientan escuchados, acompañados y con las herramientas necesarias de afrontamiento. Hagamos de la comunicación un muelle amplio y de las relaciones familiares unas aguas quietas y transparentes.

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Autor: Anaís Barrios Flores

Psicóloga y escritora. Interesada por la literatura infantil y latinoamericana; aficionada de la cocina y el cine.

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