Psic. Anaís Barrios

Padres proveedores

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Una paternidad responsable implica conocer, respetar y cumplir los derechos de los niños, aunado al deseo de aprender a ser padres mientras se ejerce tan complicada experiencia. Ser padres responsables es ante todo esforzarse por nutrir, acompañar y conocer al ser humano que crece junto a nosotros y cuya vida y sano desarrollo depende, en un principio, de nuestros cuidados.

Un padre que sólo se esfuerza por aportar los recursos para brindar educación, alimentación, vestido y vivienda al hijo, y que olvida dar afecto, respeto y comprensión, se le puede llamar un padre proveedor. Es aquél que sólo dota recursos materiales, mas no recursos espirituales y afectivos, lo cual reduce la posibilidad de construir una relación familiar estable, duradera y satisfactoria. Un padre proveedor es negligente, maltrata emocionalmente, pues falta en su responsabilidad de ofrecer amor al hijo.

Muchas veces los padres no saben cómo transmitir afecto y lo hacen de esa manera, otros ni se preocupan por darlo. En ambas condiciones los padres están violentando el derecho de sus hijos a ser amados y respetados.

En un padre proveedor se puede escuchar este tipo de discurso: “Yo le doy educación, comida, ropa, le compro lo que me pide. ¿Qué más quiere?”. Lo que quiere este niño es atención y afecto, lo que quiere es una relación que transcienda lo elemental y se consolide en lo esencial: el amor.

Otro caso, relacionado con padres separados, sucede cuando el padre cree que dinero es afecto, y como no posee lo suficiente para satisfacer materialmente a sus hijos, termina desligándose de ellos, abandonándolos, dejando a los niños sin su presencia física ni compañía y con la gran incertidumbre sobre si realmente su padre los amó. Aquí es común escuchar: “No he ido a visitarlos, ni los he llamado porque no tengo dinero”.

Es asunto nuestro autoevaluar y reflexionar sobre nuestro ejercicio de padres. Ver si es una falsa creencia la idea de que somos buenos padres, cuando en el fondo de nuestras dinámicas diarias terminamos siendo padres proveedores, bien sea porque el trabajo nos quita tiempo para compartir con nuestro hijo y sólo nos dedicamos a ofrecerle regalos, o porque no sabemos cómo acercarnos afectivamente.

En el mejor de los casos, si nos convertimos en padres proveedores que sea de afecto y amor. No existe algo que alimente más al niño y que impulse su salud emocional y personalidad que la dicha de saberse querido, acompañado, respetado, escuchado y valorado. La oportunidad de hacer vínculos estrechos que nos llenen de dicha y satisfacción la construimos nosotros, los padres. No esperemos que todo ello provenga mágicamente de los hijos.

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Autor: Anaís Barrios Flores

Psicóloga y escritora. Interesada por la literatura infantil y latinoamericana; aficionada de la cocina y el cine.

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