Psic. Anaís Barrios

Leer cuentos con los niños: un ritual de amor

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Pocos saben lo importante que puede ser para la vida de un niño estar en contacto con cuentos infantiles. No sólo para el desarrollo de la lectura o lenguaje, como suele pensarse, sino para el desarrollo de un mundo psicológico vasto y rico, donde predomine la sensibilidad, la creatividad, la imaginación, el humor y el amor.

Estoy segura que mi afición por la lectura y la escritura surgió de los cuentos que mi padre inventaba para mí y mis hermanos. No sólo era algo que disfrutábamos, sino que nos brindaba la seguridad y la confianza que sólo el vínculo afectivo puede dar.

Escuchar cuentos, inventados o leídos por nuestros padres, es un alimento afectivo que nace desde la oralidad, desde la comunicación de los sentimientos y la ternura. También nace de la compañía que implica estar cerca y compartir historias que nos generan placer, miedo, tristeza, alegría, diversión, esperanza, incertidumbre…

Emocionarse y aprender juntos, construir un espacio simbólico para el encuentro con nuestros seres queridos y con los personajes de los cuentos, dando así rienda suelta para que brote y se movilice todo nuestro mundo interno. Los cuentos ofrecen infinitas posibilidades para entender la vida y entendernos a nosotros mismos. En los cuentos podemos encontrar las palabras que nos definen, que nos dan significado, las palabras con las que construimos nuestra propia historia.

Muchos cuentos infantiles se orientan hacia una conciencia ética sobre las cosas y hacia la estimulación de una motivación intrínseca que se dirija a experiencias placenteras y relaciones satisfactorias. ¿Cómo no contagiarse de ello?

Aún así los cuentos no logran todo esto por sí solos. Es necesario que haya contacto y voz. Eso sólo lo logra nuestra calidez humana. Así que es necesario elegir una hora, un lugar y una persona (nuestro hijo, sobrino, nieto), para leer y compartir de manera genuina historias que nos alimenten y sobretodo nos mantengan cerca, dentro de la calidez de estar allí y tenerse mutuamente.

Esta actividad puede hacerse a cualquier hora y en cualquier lugar. Pero si nos ubicamos en la dinámica actual tanto mamá como papá trabajan, y el único tiempo de compartir con los hijos es la noche. Entonces resulta una alternativa genial hacer del tiempo que tenemos, un tiempo real de afecto y cercanía a través de la lectura. Desde mi experiencia personal y profesional la recomendación a los padres de leer cuentos por las noches ha sido valiosa y terapéutica para muchos niños, logrando con ello restaurar los vínculos afectivos, fortalecer la autoestima del niño y disminuir considerablemente conductas agresivas, disruptivas o de temor.

Actividades tan sencillas como éstas son las que llenan a nuestros hijos de plenitud y confianza, pues están cargadas de significados personales y representan la magia del dar y el recibir, siempre y cuando surjan de nuestra espontaneidad y desde nuestro amor sincero e incondicional. Nunca es tarde para los rituales del amor.

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Si has leído cuentos con niños cuéntanos tu experiencia.

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Autor: Anaís Barrios Flores

Psicóloga y escritora. Interesada por la literatura infantil y latinoamericana; aficionada de la cocina y el cine.

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